Me debato entre el mundo exterior y las cosas que pasan en mi interior. A veces estas no son aceptadas socialmente, a veces no se entienden. Y un pensamiento llega a mi cabeza, uno que no quiero poner aquí para evadir una categorízación feminista, pero ya saben que lo voy a poner porque es delito decir "no te voy a decir una cosa" en vez de callar completamente. Y el pensamiento es: los hombres no entienden. Lo expongo porque son ellos los que tienen que lidiar con la marea cambiante de la energía femenina y somos nosotras las que al convivir con ellos tenemos que tratar de hacer lo posible para explicar, suavizar, matizar, desenredar, todo eso que nos pasa adentro. ¿A alguien más le pasa esto o sólo a mí?
Pero este no es el tema de hoy, sino la reflexión que surgió principalmente de este conflicto.
¿Es normal que ninguno de los sentimientos permanezca? Todo cambia demasiado de un día para otro. Con terquedad y resistencia la vida se las arregla una vez más para demostrarme la impermanencia de las cosas; uno cree entender el concepto, pero no termina de creérselo. Anicca, palabra de la filosofía budista en lengua pali que significa impermanencia. Anicca, Anicca, Anicca... Todo cambia, todo pasa, cero apego, ni a la agradable emoción anterior, ni a esta no tan agradable.
Entonces, ¿Qué es lo que permanece? ¿Sólo lo que yo quiera que permanezca? ¿Lo que yo decida retener y mantener en mi mente hasta crear mi propia realidad? Y aparte de esto, ¿Hay algo que permanece a pesar de mi voluntad?
Ahorita podría estar sola en cualquier lugar del mundo haciendo cualquier cosa o no haciendo nada. Me da lo mismo. Pero sé que este estado tampoco es permanente, entonces lo único que hago es vivirlo mientras dure.
En este día de egoísmo en que me encuentro digo: ojalá lo exterior no interfiriera en nuestra decisión de vivir todos y cada uno de los estados que vamos teniendo; pero se esperan cosas de nosotros, hay que interactuar coherentemente con lo que nos rodea; o si no, hay conflicto.
Y entonces miro para adentro y me doy cuenta que la vuelta es YO empezar a no tener expectativas de nadie ni de nada, no esperar que alguien se comporte de una u otra manera... dejar ser... y sobre todo (este es mi más reciente aprendizaje) dejar que cada quien haga sus cosas como se le dé la gana. ¿Quién soy yo para decir cuál es la forma correcta?
Yo te dejo, tú me dejas, nosotros nos dejamos... Todos confiamos en todos y somos libres...
Y tal vez... no sé por qué pero intuyo que así podríamos empezar a generar una actitud de auto responsabilidad sobre nuestra propia vida y todos los actos que la conforman.
Tal vez así dejamos de forzar las cosas y empezamos a dejar que sean como tienen que ser y no como YO creo que tienen que ser.
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miércoles, 9 de noviembre de 2011
miércoles, 31 de agosto de 2011
Sin más remedio
No pude más que sentarme a escribir hoy, en este momento, cuando, de todos los días que han pasado desde la última vez que lo hice, este es el menos indicado. Hoy, 7 de la noche, unas horas antes de que venga el camión a recoger el trasteo para empezar a vivir en un espacio diferente. Y es que esto ya ha pasado muchas veces, sobre todo en lo últimos cuatro años (o 5? o 6 años?). Pero estoy sola, lejos de terminar de empacar, y me siento rara. Debo confesar que todo el mate que me tomé hoy ha tenido un efecto potencializador o quién sabe si generador de una cantidad de ideas y sentimientos que me obligaron a sentarme a escribir para lidiar con ellos o simplemente para poner en práctica eso de “la escritura para organizar el pensamiento”.
Así que si este escrito suena a revolcón mental, pido perdón. Sigo firme en mi posición de utilizar mi blog como terapia antes que nada, y aunque respeto a mis seguidores y mi vanidad quiere satisfacerlos, esto de publicar para que me lean también hace parte de mi terapia, convirtiéndose en un acto completamente egoísta, pero al fin y al cabo, honesto.
En estos días (en estos días de silencio y “blogqueo de escritor”) he pensado mucho en esto de la honestidad. De cómo la honestidad bien podría considerarse el único requisito imprescindible para que una obra creativa pueda llamarse arte. Todo lo demás puede cambiar, todo es válido; pero si no es honesto, no es arte (digo yo). Entonces me estuve cuestionando mi nivel de honestidad en los artículos anteriores y quedé inconforme. Nada de lo que he escrito es mentira, aclaro, ni inventado, ni exagerado; todo es cierto, al menos en su momento. Pero, ¿Desde dónde salió cada uno de ellos? Unos desde mayor profundidad que otros, y eso está bien, me imagino, ya que estoy aprendiendo y conociendo los diferentes lugares desde donde se puede reflexionar, crear, generar algo. Lo que pasó es que esa inconformidad fue una de las razones que me detuvo a la hora de realizar una nueva publicación. Me dije a mí misma, seguramente como una de las tantas excusas que tenemos los que intentamos escribir, que no iba a decir nada que no fuera completamente honesto, y estuve buscando algo bien profundo para exponerlo aquí. De hecho, y para que vean que no es mentira, en este mes he empezado dos o tres textos para publicar. No los terminé por inconformidad, por falta de tiempo, o por cualquiera de las excusas… pero se los muestro, ya sea para saldar mi deuda o como un acto de egoísta honestidad autocomplaciente.
He aquí en orden cronológico:
¿Cómo se siente?
Siento amor hoy. No sabía lo que sentía hasta que lo escribí, hace dos segundos y medio. Es un sensación de recogimiento, compasión, ganas de llorar, alegría. ¿Cómo se siente el amor?
No sé si es muy arriesgado escribir tratando de describir al amor… pero no quiero decir qué es ni cómo funciona, aquí unas opciones http://www.youtube.com/watch?v=ErgSG9fyvDg (muy recomendado)… Así sea como ejercicio escuelero universitario autodidacta, quiero tratar de describir no el sentimiento, sino la sensación de amor… Y me encantaría recibir comentarios acerca de esto como ejercicio de investigación.
Nademos
Los truenos, la lluvia, la gente en su casa o en el estadio, pero la verdad es que nadie quiere hacer nada. ¿Qué tal si hiciéramos un paro bogotano donde todos nos dedicamos a quedarnos absolutamente quietos en estado de relajación por un día? No hacer nada… ¿Por qué será tan subestimada esta acción? Es un peligro, un tabú, un defecto, un símbolo de fracaso, incapacidad, estupidez, desperdicio… todo lo malo.
Pero se requiere valor para no hacer nada. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de no hacer nada sin sentir culpa? Apuesto que sólo lo hacemos si sentimos que lo merecemos. Y en Colombia merecer solamente es válido después de un tiempo prolongado de trabajar duro, de esfuerzo loco, de sacrificio y hasta de sufrimiento. Y el que no pase por estos estados, no logra nada… y el que más hondo se vaya en ellos, triunfará!
Pero yo no me quiero comer ese cuento. Yo no quiero partirme el culo treinta años para poder disfrutar después. Yo quiero disfrutar YA. Y disfrutar no quiere decir no trabajar, ni echarse a las petacas, ni conseguirse un esposo millonario y yo poder ir al gimnasio todos los días y ser una cuchibarbie que ayuda a los más necesitados y escribe un libro de alimentación sana. Yo sí quiero hacer cosas, pero quiero hacer las cosas que yo quiero hacer sin tener que pensar que primero hay que sobrevivir. Y entre las cosas que uno quiere, muchas veces está la de no hacer nada. Esto es muy importante y lo he descubierto porque he tenido la fortuna de poder analizar los beneficios de no tener nada que hacer durante bastante tiempo. Mejor dicho de no tener que hacer nada, porque siempre hay algo para hacer, pero nada que me tocara obligatoriamente hacer. Entonces me dediqué a pensar, luego a no pensar, después…
Sin título
Empezaré diciendo que no estoy escribiendo porque me sienta comprometida con mis doce seguidores, aunque sí, ni tampoco porque me rehúse a caer en la mediocridad de abrir un blog, publicar tres veces y dejarlo olvidado, aunque también. Mejor me dedico a explicar, a ustedes y a mí misma, por qué llevo tantas semanas sin escribir nada. No se me ha olvidado. Sí he estado ocupada, sí han pasado cosas que le quitan espacio a mi mente, pero eso sólo ha sido mi excusa. La verdad es que me he sentido insatisfecha con el propósito del blog. Siento que empecé bien y después me dediqué a hacer ejercicios de escritura que son válidos, pero que algo les hacía falta. Me imagino que es parte del proceso, este de la escritura o en este caso, mi terapia.
Lo que acabo de hacer me da un poco de nervios, puede que sea por mostrar la obra no terminada, el borrador tal y como salió de primerazo… o también puede ser por la cantidad de mate consumida; pero tengo la misma sensación que tuve con el primer artículo publicado en este blog, que me produjo incertidumbre, miedo, inseguridad, vulnerabilidad. Y creo que el elemento que comparten el primero y este, el último, es el nivel de cercanía que ambos tienen con lo que estoy sintiendo en el momento de escribirlos. No es que esté diciendo nada muy importante, es desde donde lo estoy diciendo…
Aunque ahora que releo me doy cuenta que pareciera que no he dicho nada aparte de lo que quise decir en los intentos inacabados que aquí les adjunté…
Pero en fin… me gustaría saber si se siente algo especial o diferente para quien lo está leyendo… Y así, como un acto de no-egoísmo le otorgo a quien quiera el papel de terapeuta o simplemente la oportunidad de intervenir en mi tratamiento.
jueves, 14 de julio de 2011
El Mito del Polvo
Es necesario despojarse de todas las ideas establecidas que se tienen acerca del sexo. Borrarlo.
Convertirse en una niña o un niño que no sabe nada del tema, empezar a descubrirlo por sí mismo y después, cuando de verdad le den ganas, compartirlo con otro.
¿Qué siente mi cuerpo? ¿Ganas de qué? ¿Cómo se siente? ¿Qué pide? ¿Cuál es la necesidad física y cómo buscaría satisfacerla si nunca hubiera visto en la TV o cine una escena de sexo, pornográfica, si nunca hubiera leído un libro erótico o educativo, un artículo de tips en una revista, o si nunca hubiera hablado del tema con mis amigas?
Pero, ¿Cómo se hace para borrar toda esta información? Porque son muchas las ideas que hay que quitarse, empezando por la presión que se le pone tanto hombres como a mujeres de que tienen que ser “buenos en la cama”, ya sea para mantener a su pareja a su lado, o para alimentarse el ego… ¿Y por qué esto habría de alimentarnos el ego? ¿Qué es lo tan grandioso de ser un polvazo ante la sociedad?
Se me ocurre que el humano tiene la necesidad inconsciente de reivindicar y glorificar su lado animal, ya que gasta tanta energía tratando de ocultarla de mil maneras, vistiéndose como es debido, sentándose con las piernas cerradas, evitando hablar de popó, pipí, regla (que nadie se dé cuenta que acabo de cagar), escondiendo los olores y quitándose los pelos que nacen de su cuerpo, etc. Entonces esa necesidad de ser salvaje, de dejarse llevar por sus instintos, de ser “sucio” y portarse como una bestia, no solamente es aceptada a la hora del sexo, sino altamente recomendada.
Así que me pregunto cuál sería la manera de reformatear las conexiones sexuales de nuestro cerebro-cuerpo-emoción-espíritu, para encontrar lo verdadero, lo esencial del sexo… para cada uno, claro está… porque si reconocemos que hay pocas cosas más íntimas que la sexualidad, pues ahí sí que menos tiene sentido que busquemos convertirnos en un polvazo leyendo revistas y libros, pidiendo consejos a los amigos más “experimentados”, o copiando poses de redtube en internet (no voy a poner el link)… así como tampoco tiene sentido creerse un polvazo porque un par de parejas se lo dijeron.
No sé si se nota que estoy un poco confundida, tal vez… Pero creo que hay demasiados mitos acerca del tema y estamos lejos de querer desmitificar nuestra concepción del sexo porque hoy en día el tabú es atreverse a subvalorarlo tal y como está planteado. Rico sí es… yo no estoy diciendo lo contrario… pero he tenido la sensación dos o tres veces en mi vida, esta es una de ellas, de que el sexo es más de lo que la mayoría de nosotros sabemos, creemos y experimentamos; o no sé si sea más… pero es otra cosa…
Esta vez a lo que me atrevo es a hacer el experimento, (y si no ha quedado clara mi forma de proceder, una vez más invito a quien quiera unirse), de intentar eliminar o por lo menos replantear, mi forma de concebir el sexo, buscando identificar qué es real y qué es aprendido, qué son mañas y qué son peticiones sinceras de mi cuerpo físico-emocional-espiritual-natural.
Racionalmente y sin pensarlo mucho adivino que una relación sexual es un acto de unión con otra persona y lo mínimo que puedo hacer es tratar de entender la naturaleza de esa unión y explorar mis propias e infinitas maneras de manifestarme. Y sospecho que al hacer esto lo convierto verdaderamente en un acto creativo (como lo proponen los libros y revistas), y como se supone que pueden llegar a ser absolutamente todos los actos de nuestra vida.
Quiero terminar porque hablar de sexo es muy rico y puede durar eternamente, pero no quiero ignorar una oración que no se me sale de la cabeza y que quiero aplicar a este texto por puro capricho. Además me anima a creer que sí es posible derrumbar esas convenciones establecidas que creemos tan sólidas y arraigadas, pero que en realidad no lo son tanto porque al fin y al cabo (he aquí) “polvo somos, del polvo venimos y en polvo nos convertimos”.
martes, 5 de julio de 2011
La Importancia del Cliché
Llevo dos semanas tratando de pensar el tema de la próxima publicación. Me había prometido hacerlo una vez a la semana, pero ya vemos el síndrome del escritor, que cuando puede, procrastina. Pero no quiero hablar de la procrastinación, me parece un tema demasiado clichesudo para alguien que intenta merecer ser llamado escritor. En cambio, prefiero hablar directamente de los clichés.
Me encantan los clichés. Me encanta su presencia en el mundo y las innumerables interpretaciones que tienen a pesar de ser clichés. Creo que tienen vida propia y un motivo supremamente fuerte para existir. Quien hable conmigo más de una vez, se dará cuenta que en cuanto a temas trascendentales se refiere, recurro constantemente a los clichés. Considero que en la sociedad de hoy son subvalorados y menospreciados, y no se tiene en cuenta que se han convertido en clichés por su propio peso.
El otro día le pregunté a mi papá si había leído mi nuevo blog. Él me respondió que sí, que había leído mis “básicas reflexiones sobre la vida”. Pude haber sentido ese vacío que se siente al no obtener reconocimiento de su propia familia; pero en lugar de eso, convertí el sentimiento en la motivación para escribir mi justificación personal, pues para algo me tiene que servir este blog.
Esto me lleva a intentar reivindicar lo básico ante mi padre y el mundo.
Considero que en esas frases de cajón, esos clichesitos que nadie quiere escuchar, que suenan a consejo trillado, que son tan obvios y básicos, se encierra en gran parte LA VERDAD de la vida. Una cosa es conocer el cliché, pero otra muy diferente es entenderlo, y aún más diferente es sentirlo, de verdad sentirlo y vivirlo. Voy a poner algunos ejemplos:
No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti.
Lo hemos escuchado toda la vida, puede que aceptemos que es cierto, pero ¿Lo vivimos? ¿Lo ponemos en práctica? ¿O lo obviamos porque nos parece una respuesta demasiado sencilla para nuestros complejos problemas existenciales?
Dar sin esperar.
Nos parece muy fácil, pero ¿Alguna vez lo hemos logrado? De verdad… Sin esperar absolutamente nada a cambio. Nada.
El cliché del espejo: aquello que te molesta del otro no es más que el reflejo de lo que tienes dentro.
No creo que muchos hayan explorado la complejidad de esta oración y a la mayoría nos molesta solamente pensar en él. Pero si dedicamos un momento de nuestra vida para investigarlo a fondo, descubriremos que podemos convertir todo lo que nos molesta en una oportunidad para conocer algo de nosotros mismos. No siempre es agradable, pero es verdad.
Y como estos, muchos más…
Hace un par de meses me fui a un encuentro en el campo de esos en los que se busca y se encuentra alguna verdad. Me fui con una amiga y después de un rato a solas, nos encontramos para compartir las reflexiones que estábamos teniendo. Ella me dijo que tras mucho darle vueltas a su vida se había dado cuenta de que todo se resumía en una cosa. Le pregunto qué y ella me responde seriamente: “quiérete a ti misma”. El acto seguido fue un ataque de risa, no sólo por lo obvio o lo chistoso sino por la alegría de darse cuenta que las más grandes respuestas están en lo más sencillo… y qué sorpresa… esto también es un gran cliché…
Así que, como se me ha vuelto costumbre citar a otros en mis publicaciones, me atrevo a enriquecer el texto utilizando nuevamente el recurso de la intertextualidad, además de la pluralidad idiomática, recomendando el experimento de irse BACK TO BASICS http://www.phrases.org.uk/meanings/53200.html, http://es.wikipedia.org/wiki/Back_to_Basics*.
O podemos seguir buscando respuestas complejas, enredándonos la cabeza tratando de entender el sentido de la vida, poniéndole nuevos nombres a las cosas, inventando soluciones y reflexiones complicadas, cuando en realidad (con ganas de utilizar el más grande y más bonito cliché) podemos encontrar las respuestas dentro de nosotros mismos…
Pero bueno, si no nos interesa eso de la búsqueda interior o ya estamos hartos de ella, siempre podemos recurrir a los clichés… Tomémonos el tiempo de escoger uno, analizarlo, estudiarlo y vivirlo por un rato y tal vez nos demos cuenta que (como dije en la última publicación http://yoescriblog.blogspot.com/2011/06/lo-aburrido-de-aburrirse.html) teníamos LA VERDAD en nuestras narices.
Y en honor a mi querida amiga me atrevo a celebrar con el mismo grito que dimos agradeciendo tan maravillosas revelaciones aquella vez en la montaña:
¡QUE VIVAN LOS CLICHÉS!!
*La mismísima Christina Aguilera intentó volver a lo básico musicalmente en un álbum con ese nombre, yo no lo conozco, pero reconozco el esfuerzo.
miércoles, 22 de junio de 2011
Lo aburrido de aburrirse
No quiero hacer nada. No quiero pensar, ni hablar, ni mucho menos escribir. Pero mi mente sí quiere pensar en todo… El problema es que tengo muchas cosas en que pensar, por eso no tengo tiempo para hacer nada. Pero tampoco quiero pensar.
Quiero que pase algo YA que me saque del lugar, el momento y la situación en la que estoy. Que suene mi celular, que reciba un correo. Algo, dándome una noticia emocionante, un cambio, hasta el sonido de una bomba. Algo interesante…
¿Qué es el aburrimiento y por qué es tan desagradable? Se siente una inconformidad con el momento presente, un deseo de hacer cualquier cosa menos lo que se está haciendo y una incapacidad para cambiar de acción porque de solo pensarlo ya se sabe que será igual de aburrido. Parálisis. Indecisión.
Entonces, ¿Cómo se rompe con el aburrimiento?
En internet me encontré una lista de actividades para salir del aburrimiento y llamaron mi atención por lo literal: eso de romper con el aburrimiento, es romper el momento con una acción que le dé un giro inesperado, o radical, o simplemente escandaloso. Aquí unos ejemplos:
En el supermercado:
-Consigue 24 cajas de condones y colócalas al azar en los carros de la gente cuando no miren.
-Mientras miras cuchillos, pregúntale a la dependienta si sabe donde están los antidepresivos.
-Acércate a un empleado y dile en tono serio: "Código 3 en hogar" y observa su reacción.
En el ascensor:
-Mírate el pulgar y di:"¡Creí que eras más grande!"
-Preguntar a cada pasajero que sube si puede apretar el botón por ellos.
-Practicar Tai-Chi.
Cuando estás solo, cuando hay poco material, cuando estás con alguien:
-Mira la TV, repite todo lo que dicen con un accento Italiano.
-Ráscate así no te rasque nada.
-Monta un concurso llamado “Quien es menos competitivo”. Intentar ganar aquí hará que pierdas. Intentar perder hará que ganes lo que hace que pierdas. No intentar nada en absoluto te hace perder, lo que te hace ganar, lo que te hace perder.Y aquí la lista completa si se siente identificado con esto frecuentemente: http://www.frikipedia.es/friki/Aburrimiento (solamente leerla puede despejar el aburrimiento unos minutos).
Aunque hay un problema, y es que no todos son capaces de hacerlo, pues la mayoría son actos que llaman la atención y pueden causar impresión de loco; y como todavía el mundo, sobre todo la sociedad colombiana, no ha entendido eso de que cada loco con su tema, habrá muchos que no verán una solución al aburrimiento en parecer unos dementes.
La otra opción, (ni crean que voy a dejarlos así), es “aprender a aburrirse”. Alguien me dijo eso… ¿Mis papás, cuando era chiquita y después de las 5pm la creatividad de padres se bloquea? ¿O fue a los 11 años cuando la creatividad de padres se agota y uno tiene que empezar a responder por su propia diversión? Tal vez fue en mi adolescencia, cuando los momentos de mi vida que no se parecían a una comedia romántica o a una película de terror, eran muy aburridos… ¿O será uno de esos clichés que nos hartan tanto pero que cuando logramos entender, nos damos cuenta que teníamos LA VERDAD en nuestras narices?
Yo creo que he hecho el intento de aprender a aburrirme, pero recién me doy cuenta que todavía no sé bien en qué consiste. Se me viene a la cabeza la palabra ACEPTACIÓN, una palabra muy espiritual que ya van a ver cómo se pone de moda. Aceptación del momento presente, tal y como es: sin querer cambiarlo, sin juzgarlo, sin ponerle nombres, sin compararlo. Me permito aconsejar a quienes estén leyendo y no han intentado esto, que lo hagan. Traten de practicar la total aceptación de cada momento, durante un periodo de tiempo, o simplemente cuando se acuerden, cuando se vean en una situación aburrida, desagradable, de la cual quieran salir…. Acéptenla y, si pueden, disfrútenla. Y después hablamos al respecto… Y a los que sí lo han practicado, me permito decirles que, (aparte del valor meditativo de este consejo, con todas sus ventajas y herramientas), cuando uno está aburrido, está aburrido.
Intuyo pues, que aprender a aburrirse es aceptar (a que la pongo de moda) que en la vida hay momentos emocionantes y hay momentos aburridos. Así que si no soy capaz de hacerme el loco para romper con el aburrimiento, no me queda más opción que aburrirme con toda, mientras espero que se me pase. Y nada más aburrido que esperar...
Por eso decido, en este caso, creerle a los mayores; pues ahora veo que fueron mis papás los que tuvieron que aprender a aburrirse, a aceptar diariamente el aburrimiento de lidiar con cinco hijos adolescentes y aburridos.
Y tal vez, después de todo, aburrirse no es tan malo. Puede ser una excusa para dejar de trabajar y escribir el blog de esta semana, para llamar a un amigo que hace años no vemos, para comerse un brownie con helado, para renunciar al trabajo, terminar con el novio, o planear un viaje lo más lejos posible de esta aburrida ciudad.
martes, 14 de junio de 2011
Cada loco con su tema
Investigando para un trabajo me he encontrado con artículos muy interesantes y bastante extraños que me han puesto a reflexionar acerca de la vida y la cordura del hombre.
Todos alguna vez hemos dicho que alguien está loco; a la mayoría de nosotros alguna vez (o varias) nos han dicho que tan loco tú. Esto confirma que a pesar de compartir el elemento común de ser humanos, como individuos somos un sistema único de pensamientos y conexiones que puede diferir desproporcionadamente el uno del otro, así pertenezcamos a la misma especie.
Pero es que en realidad hay gente muy loca. Como un hombre que toma 250 pastillas de vitaminas diferentes al día para poder llegar saludable al 2030, año en el que la nanotecnología será capaz de regenerar las células de nuestro cuerpo y llevarnos a la vida eterna. Ese es su objetivo, alcanzar la eterna juventud. Bueno, no es el primero, y hay varios como él. O un joven adicto a los videojuegos; tiene 24 años y dice que sabe que a su cerebro sólo le falta un hilo para no diferenciar la realidad (que es muy aburrida según él) de la fantasía virtual, y que sólo cuando la vida real se parece a un video juego (como manejando su carro) encuentra él un grado de felicidad.
Aunque esto no es nada comparado con personas que eliminan a millones de su especie para apropiarse del hace años obsoletísimo petróleo, o los que se hacen supuestamente ricos fabricando y vendiendo productos al mismo tiempo que acaban con la verdadera riqueza, o los que se quitan la vida en nombre de un dios que no conocen, o quienes encuentran placer abusando de otros.
Me parece ahora que ese elemento común que compartimos los humanos, no es otra cosa que la locura.
Si yo estoy loca por no comer carne, ella mucha loca volver con ese man, usted está loco si cree que le voy a pagar todo eso, este video está medio loco, y ¿tú por qué bailas con esa loca…?
Entonces hagámonos los locos porque el mundo está muy loco… Y se nota, ¿Cierto? ¿O es que a mí me lo parece? ¿Será que la loca soy yo?
En fin, no sé si importa quién está más loco. El hecho es que, como dijo Joan Manuel, cada loco con su tema, entre gustos no hay disgustos, cada quién es como es... Y si entendiéramos este dicho que no pude encontrar de dónde salió o hace cuántos años existe, pues el mundo sería diferente. Así que me propongo a recordarlo siempre que mi mente empiece a fabricar una opinión respecto a alguien, y antes de sentarme en el comodísimo trono del juez, cantaré desde adentro (y si quieren cantamos juntos: http://www.youtube.com/watch?v=BjnzkeRniy0), cada loco con su tema, incluido yo.
jueves, 9 de junio de 2011
¿Cual es el problema?
Con las relaciones entre hombres y mujeres…
El problema es que alguien nos dijo que vinimos al mundo a encontrar una pareja, por eso nos sentimos incompletos cuando no la tenemos y cuando por fin la encontramos nos sentimos dueños el uno del otro.
La relación de pareja es una modalidad de relación que está mal planteada, pues desde siempre esta ha sido la más complicada y la menos funcional. Si no es así, ¿Por qué los problemas que tenemos con nuestra pareja, no los tenemos con nuestros amigos? Bueno, a veces sí los tenemos, pero en un grado mucho menor, más rápidamente solucionable y que nos afecta cien mil veces menos.
Entonces, ¿Cuál es problema? ¿Por qué no puedo enfrentar cada situación complicada con mi pareja como si se tratara de un amigo? ¿Por qué tengo que quedarme enredada en las razones, los motivos, las acciones o no-acciones del otro?
El problema es que tenemos mucha basura sembrada en la cabeza. Esto es lo que genera en el ser humano las desdichadas expectativas, y esto es lo que a su vez genera el sufrimiento. Si nos ponemos a pensar, todo sufrimiento proviene de una situación, estado, actitud, etc, que no es como nosotros lo esperamos, que no cumple con nuestras expectativas. Y como el amor de pareja es lo que más esperamos en la vida (lo que vinimos a encontrar al mundo) es ahí donde más basura tenemos, más ilusiones creamos, más videos nos metemos, más expectativas construimos.
Por eso en cierta medida, somos más capaces de dejar pasar las “fallas” en otros aspectos. Sí nos afectan, a unos más que otros en los diferentes campos, pero a la mayoría lo que más nos afecta, en dimensiones desproporcionadas respecto a los demás temas, es el tema del amor. Perder un trabajo jamás nos ha dado un despecho de más de un año. Pelear con la mamá no nos hace pensar en llamar a nuestros amigos para darnos una noche de tragos y desorden hasta el amanecer (a los treinta años). Pero pelear con el novio, terminar, ser engañado, plantado o usado, eso sí puede acabar con nuestro ánimo en menos de un segundo y por tiempo indefinido.
¿Cómo hacer para cambiar esto? Me pregunto… Pues no sé si quiero aceptar que las relaciones son así, complicadas, y tenemos que aprender a vivir con eso. No es que mis expectativas sean el no tener que esforzarse jamás y que todo fluya bonito y alegre constantemente; sé que así no funciona nada. Pero debe haber una forma de replantear esas ideas preconcebidas que tenemos acerca de la relación de pareja, para no esperar que sea de determinada manera y nos decepcionemos con la realidad… ya que esto es lo que siempre pasa, y lo peor es que ya lo sabemos... ¡Pero seguimos esperando algo que no existe!
Creo que mi estrategia empieza por dejar de tomarse este tema del amor tan en serio. Esto por lo menos deja de atribuirle tanta importancia a cada suceso, y nos libra de vivirlo con el temor al final de lo más importante de la vida. Después será menos difícil intentar eliminar todas esas expectativas que tenemos y aunque nos cueste trabajo, si lo logramos, podremos empezar a vivir el amor en su verdadera forma; esa forma que no conocemos porque llevamos siglos forzándolo y moldeándolo de la manera que queremos que sea. Pero si dejamos de hacerlo y nos permitimos observar cómo funciona, sin juicios, sin expectativas, es muy posible que logremos, en vez de sufrir, disfrutar de lo más importante de la vida, así: tal y como es.
miércoles, 8 de junio de 2011
¿Cómo es que se hace esta vaina?
Eso de tener un tema sobre qué escribir. Me vanaglorio de no tener conflictos lo suficientemente pesados para alcanzar a escribir sobre ellos. Pero al mismo tiempo mi razón me dice que esto no puede ser posible y que probablemente estoy en el grupo de personas por encima del promedio en cuanto a conflictos se refiere. Aunque he abierto una nueva posibilidad que creo que tiene mucho sentido: que claramente los conflictos existen y están presentes en mí, pero cuando voy a ahondar en ellos como excusa para escribir sobre los mismos, mi mente, evasiva y orgullosa, los resuelve antes de que haya puesto la primera palabra sobre el papel, dándome gusto y reafirmando mi convicción de que nada es tan importante y que ningún problema tiene relevancia si se mira en proporción universal. ¿Qué importa una inseguridad personal respecto al orden del planeta? ¿Al orden de las estrellas, soles, naturaleza, energías y dioses?
Pues el nivel de importancia puede variar dependiendo de la doctrina y visión existencial que se le aplique, según el grado de protagonismo del humano que cada quien decida otorgarle a su vida sobre el planeta.
Entonces ¿Será que mí nivel de relevancia existencial, sea un mecanismo de evasión o una gran revelación, no es compatible con mi deseo de escribir?
Una amiga me dijo que había decidido dejar de leer libros de autoayuda para poder volver a escribir, porque si uno resuelve todos sus conflictos internos, ya no tiene nada que decir. Y yo me pongo a pensar, y tiene razón, y hago un recuento de los grandes escritores, de los que más me gustan y claro… las buenas obras, las que impactan, hablan sobre un asunto humano que genera conflicto con su existencia. No es por nada que el estereotipo del escritor sea el personaje huraño, neurótico o en crisis, que se encierra durante días luchando con su máquina de escribir entre tinto y cigarrillo, peleado con el exterior porque no es capaz de enfrentar la realidad sino a través de la ficción.
Pero bueno, una vez más, no quiero permitir que todo esto se convierta en una excusa para no escribir.
De pronto soy demasiado trascendental al rehusarme a escribir sobre algo que no tenga un impacto o una relevancia importante sobre la existencia del hombre. Como quien dice, me rehúso a escribir sobre asuntos que se pueden solucionar haciendo un esfuercito… y ahí vuelve mi gran ego dándoselas por haber sido capaz de superar un par de crisis y haber encontrado un par de verdades, pero seguramente eso que me costó tanto, muchas personas lo resuelven sin siquiera darse cuenta.
Por eso, por ahora, (y para ratificar lo aquí planteado), escribo sobre el conflicto que me aqueja y que con un esfuercito estoy intentando resolver: ese de no saber qué, cuándo, cómo y por qué sentarse a poner unas palabras sobre un papel.
¿Necesidad de escribir?
O sea, necesidad de decir algo… pero si no la tengo, ¿qué? ¿No escribo? Claro que tengo puntos de vista, cada vez menos, pareciera; pero seguro que los tengo; una cosmovisión… eso sí que la tengo.
Lo que no sé, es si tengo la necesidad de decirlo, de comunicarlo, de expresarlo, de vender mi idea, de convencer a alguien, o simplemente de hacer un registro de mis pensamientos, de mis posiciones. Tal vez sí. Tal vez el fin de todo esto es compartir, sin pretender, sin esperar un resultado. Por responsabilidad, por vanidad, por lo que sea.
Pero igual, sigo con el dilema. Me gusta escribir, pero no sé si me gusta que me lean. Todavía no soy capaz de que me lean. Tendré un ego muy grande o uno muy frágil, porque no soy capaz de compartir lo que escribo; la mayoría de veces ni siquiera escribo porque ¿Para qué? Será para esperar a que me muera y alguien en su dolor esculque los archivos de mi computador y descubra los misterios que guardaba y nunca nos dimos cuenta… Y ella, tan talentosa, tan profunda, siempre lo fue y no tuvimos tiempo para verlo… No. Creo que he superado esa fantasía del ser humano de morir para obtener el reconocimiento que no puede tener en vida. Creo, pero estoy abierta a darme cuenta de que tal vez uno nunca lo supera del todo.
Tal vez sea la parafernalia y la expectativa que se genera al haber pagado 20 millones de pesos para obtener el título de ecritor. ¿Entonces por eso tengo que escribir?
Si antes de estudiar la maestría, yo me sentaba todos los días a escribir algo. Ahí sí, por pura necesidad. Aunque tampoco es que quisiera que me leyeran, ni compartía lo escrito con nadie (sólo a veces); pero es que tenía tantas cosas adentro que necesitaba ponerlas en un papel, para organizarlas, para verlas de afuera, para recordarlas porque sentía que eran importantes las conclusiones a las que podía llegar.
Pero ahora no escribo. Sí me gusta escribir, y lo hago cuando me ponen una tarea, cuando tengo un objetivo, pero ¿escribir porque sí?… hoy es una de las tres veces que lo he hecho en los últimos dos años. Por eso me pongo a temblar cuando me preguntan ¿Y tú qué haces? (Esto pasa muchas veces a la semana), porque se supone que debería responder “yo escribo”. Pero es que cuando digo eso (lo he hecho) me siento como una mentirosa. Prefiero la respuesta honesta, aunque tampoco me fascine, no por vergüenza propia sino por la del otro, que no sabe qué cara hacer cuando la niña de 28 años, la amiga del colegio, la novia de su amigo, le dice: “mmmm muchas cosas: ahorita estoy trabajando en un bar, dando unas clasecitas de inglés y otras cosas que salen por ahí… claro, es que no me quiero emplear porque quiero tener tiempo para escribir…”
En fin, la verdad es que nada de esto importa. No importa por qué escribo y por qué no escribo. No importa si pagué 20 millones que bloquearon mi necesidad natural de escribir; esto también es una excusa. Todo sirve de excusa para un escritor que no se sienta a escribir. Supongo que ahora tengo que descubrir qué es lo que no quiero aceptar. Buscar dentro de mí las razones ocultas que no me permiten compartir lo que hago, por ende que me llevan a no hacer nada porque ¿para qué?...
O también puedo dejar de pensarla tanto y sentarme frente al maldito computador y escribir. Es más, para evitarme la psicoterapia, no solo me siento a escribir sino que lo publico; de una vez por todas, escribo una maricada un poco cursi y un poco sincera y me lanzo al vacío con el compromiso de seguirlo haciendo, por responsabilidad, por vanidad, o por fijarme un objetivo que me obligue a hacer el ejercicio ese de escribir todos los días, del cual hablan aquellos que pueden decir mirando a los ojos: “yo escribo”.
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