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miércoles, 9 de noviembre de 2011

Yo te dejo, Tú me dejas, Nosotros nos dejamos

Me debato entre el mundo exterior y las cosas que pasan en mi interior. A veces estas no son aceptadas socialmente, a veces no se entienden. Y un pensamiento llega a mi cabeza, uno que no quiero poner aquí para evadir una categorízación feminista, pero ya saben que lo voy a poner porque es delito decir "no te voy a decir una cosa" en vez de callar completamente. Y el pensamiento es: los hombres no entienden. Lo expongo porque son ellos los que tienen que lidiar con la marea cambiante de la energía femenina y somos nosotras las que al convivir con ellos tenemos que tratar de hacer lo posible para explicar, suavizar, matizar, desenredar, todo eso que nos pasa adentro. ¿A alguien más le pasa esto o sólo a mí?
Pero este no es el tema de hoy, sino la reflexión que surgió principalmente de este conflicto.

¿Es normal que ninguno de los sentimientos permanezca? Todo cambia demasiado de un día para otro. Con terquedad y resistencia la vida se las arregla una vez más para demostrarme la impermanencia de las cosas; uno cree entender el concepto, pero no termina de creérselo. Anicca, palabra de la filosofía budista en lengua pali que significa impermanencia. Anicca, Anicca, Anicca... Todo cambia, todo pasa, cero apego, ni a la agradable emoción anterior, ni a esta no tan agradable.

Entonces, ¿Qué es lo que permanece? ¿Sólo lo que yo quiera que permanezca? ¿Lo que yo decida retener y mantener en mi mente hasta crear mi propia realidad? Y aparte de esto, ¿Hay algo que permanece a pesar de mi voluntad?

Ahorita podría estar sola en cualquier lugar del mundo haciendo cualquier cosa o no haciendo nada. Me da lo mismo. Pero sé que este estado tampoco es permanente, entonces lo único que hago es vivirlo mientras dure.
En este día de egoísmo en que me encuentro digo: ojalá lo exterior no interfiriera en nuestra decisión de vivir todos y cada uno de los estados que vamos teniendo; pero se esperan cosas de nosotros, hay que interactuar coherentemente con lo que nos rodea; o si no, hay conflicto.

Y entonces miro para adentro y me doy cuenta que la vuelta es YO empezar a no tener expectativas de nadie ni de nada, no esperar que alguien se comporte de una u otra manera... dejar ser... y sobre todo (este es mi más reciente aprendizaje) dejar que cada quien haga sus cosas como se le dé la gana. ¿Quién soy yo para decir cuál es la forma correcta?

Yo te dejo, tú me dejas, nosotros nos dejamos... Todos confiamos en todos y somos libres...

Y tal vez... no sé por qué pero intuyo que así podríamos empezar a generar una actitud de auto responsabilidad sobre nuestra propia vida y todos los actos que la conforman.
Tal vez así dejamos de forzar las cosas y empezamos a dejar que sean como tienen que ser y no como YO creo que tienen que ser.