No pude más que sentarme a escribir hoy, en este momento, cuando, de todos los días que han pasado desde la última vez que lo hice, este es el menos indicado. Hoy, 7 de la noche, unas horas antes de que venga el camión a recoger el trasteo para empezar a vivir en un espacio diferente. Y es que esto ya ha pasado muchas veces, sobre todo en lo últimos cuatro años (o 5? o 6 años?). Pero estoy sola, lejos de terminar de empacar, y me siento rara. Debo confesar que todo el mate que me tomé hoy ha tenido un efecto potencializador o quién sabe si generador de una cantidad de ideas y sentimientos que me obligaron a sentarme a escribir para lidiar con ellos o simplemente para poner en práctica eso de “la escritura para organizar el pensamiento”.
Así que si este escrito suena a revolcón mental, pido perdón. Sigo firme en mi posición de utilizar mi blog como terapia antes que nada, y aunque respeto a mis seguidores y mi vanidad quiere satisfacerlos, esto de publicar para que me lean también hace parte de mi terapia, convirtiéndose en un acto completamente egoísta, pero al fin y al cabo, honesto.
En estos días (en estos días de silencio y “blogqueo de escritor”) he pensado mucho en esto de la honestidad. De cómo la honestidad bien podría considerarse el único requisito imprescindible para que una obra creativa pueda llamarse arte. Todo lo demás puede cambiar, todo es válido; pero si no es honesto, no es arte (digo yo). Entonces me estuve cuestionando mi nivel de honestidad en los artículos anteriores y quedé inconforme. Nada de lo que he escrito es mentira, aclaro, ni inventado, ni exagerado; todo es cierto, al menos en su momento. Pero, ¿Desde dónde salió cada uno de ellos? Unos desde mayor profundidad que otros, y eso está bien, me imagino, ya que estoy aprendiendo y conociendo los diferentes lugares desde donde se puede reflexionar, crear, generar algo. Lo que pasó es que esa inconformidad fue una de las razones que me detuvo a la hora de realizar una nueva publicación. Me dije a mí misma, seguramente como una de las tantas excusas que tenemos los que intentamos escribir, que no iba a decir nada que no fuera completamente honesto, y estuve buscando algo bien profundo para exponerlo aquí. De hecho, y para que vean que no es mentira, en este mes he empezado dos o tres textos para publicar. No los terminé por inconformidad, por falta de tiempo, o por cualquiera de las excusas… pero se los muestro, ya sea para saldar mi deuda o como un acto de egoísta honestidad autocomplaciente.
He aquí en orden cronológico:
¿Cómo se siente?
Siento amor hoy. No sabía lo que sentía hasta que lo escribí, hace dos segundos y medio. Es un sensación de recogimiento, compasión, ganas de llorar, alegría. ¿Cómo se siente el amor?
No sé si es muy arriesgado escribir tratando de describir al amor… pero no quiero decir qué es ni cómo funciona, aquí unas opciones http://www.youtube.com/watch?v=ErgSG9fyvDg (muy recomendado)… Así sea como ejercicio escuelero universitario autodidacta, quiero tratar de describir no el sentimiento, sino la sensación de amor… Y me encantaría recibir comentarios acerca de esto como ejercicio de investigación.
Nademos
Los truenos, la lluvia, la gente en su casa o en el estadio, pero la verdad es que nadie quiere hacer nada. ¿Qué tal si hiciéramos un paro bogotano donde todos nos dedicamos a quedarnos absolutamente quietos en estado de relajación por un día? No hacer nada… ¿Por qué será tan subestimada esta acción? Es un peligro, un tabú, un defecto, un símbolo de fracaso, incapacidad, estupidez, desperdicio… todo lo malo.
Pero se requiere valor para no hacer nada. ¿Cuántos de nosotros somos capaces de no hacer nada sin sentir culpa? Apuesto que sólo lo hacemos si sentimos que lo merecemos. Y en Colombia merecer solamente es válido después de un tiempo prolongado de trabajar duro, de esfuerzo loco, de sacrificio y hasta de sufrimiento. Y el que no pase por estos estados, no logra nada… y el que más hondo se vaya en ellos, triunfará!
Pero yo no me quiero comer ese cuento. Yo no quiero partirme el culo treinta años para poder disfrutar después. Yo quiero disfrutar YA. Y disfrutar no quiere decir no trabajar, ni echarse a las petacas, ni conseguirse un esposo millonario y yo poder ir al gimnasio todos los días y ser una cuchibarbie que ayuda a los más necesitados y escribe un libro de alimentación sana. Yo sí quiero hacer cosas, pero quiero hacer las cosas que yo quiero hacer sin tener que pensar que primero hay que sobrevivir. Y entre las cosas que uno quiere, muchas veces está la de no hacer nada. Esto es muy importante y lo he descubierto porque he tenido la fortuna de poder analizar los beneficios de no tener nada que hacer durante bastante tiempo. Mejor dicho de no tener que hacer nada, porque siempre hay algo para hacer, pero nada que me tocara obligatoriamente hacer. Entonces me dediqué a pensar, luego a no pensar, después…
Sin título
Empezaré diciendo que no estoy escribiendo porque me sienta comprometida con mis doce seguidores, aunque sí, ni tampoco porque me rehúse a caer en la mediocridad de abrir un blog, publicar tres veces y dejarlo olvidado, aunque también. Mejor me dedico a explicar, a ustedes y a mí misma, por qué llevo tantas semanas sin escribir nada. No se me ha olvidado. Sí he estado ocupada, sí han pasado cosas que le quitan espacio a mi mente, pero eso sólo ha sido mi excusa. La verdad es que me he sentido insatisfecha con el propósito del blog. Siento que empecé bien y después me dediqué a hacer ejercicios de escritura que son válidos, pero que algo les hacía falta. Me imagino que es parte del proceso, este de la escritura o en este caso, mi terapia.
Lo que acabo de hacer me da un poco de nervios, puede que sea por mostrar la obra no terminada, el borrador tal y como salió de primerazo… o también puede ser por la cantidad de mate consumida; pero tengo la misma sensación que tuve con el primer artículo publicado en este blog, que me produjo incertidumbre, miedo, inseguridad, vulnerabilidad. Y creo que el elemento que comparten el primero y este, el último, es el nivel de cercanía que ambos tienen con lo que estoy sintiendo en el momento de escribirlos. No es que esté diciendo nada muy importante, es desde donde lo estoy diciendo…
Aunque ahora que releo me doy cuenta que pareciera que no he dicho nada aparte de lo que quise decir en los intentos inacabados que aquí les adjunté…
Pero en fin… me gustaría saber si se siente algo especial o diferente para quien lo está leyendo… Y así, como un acto de no-egoísmo le otorgo a quien quiera el papel de terapeuta o simplemente la oportunidad de intervenir en mi tratamiento.