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jueves, 12 de marzo de 2020

Apuntes Hechos en Apnea


No respires porque hay alerta naranja casi roja de contaminación. No puedes respirar porque el virus viaja por el aire y estás en riesgo de contagiarte. No te toques la cara porque estás contaminado y si te sientes desolado no busques consuelo en el que tienes al lado. Durante un año no abraces ni beses a tus seres queridos, la vida es más importante que el cariño.

Me declaro fuera del sistema terrorista, manipulador y abusador. La pandemia es la esclavitud. El planeta se muere, las mujeres se mueren, los niños se mueren, de guerra, de injusticia, de hambre; se acabaron los tapabocas, pero no importa porque todos comen callados, asustados.

Entre neofilia y neofobia se mueve el humano, nos decían hoy. A un estado de hartera hay que llegar para moverse, es el impulso que nos lleva a la evolución; pero cuántas estatuas resignadas y acomodadas decoran el globo terráqueo que está en la sala del dictador.



El miedo.

El miedo.

El terror.


¿No se aburren de lo mismo?



No aguanté las ganas de ponerme política, rebelde, irónica, nauseabunda, afónica y nostálgicamente bucólica.

El virus coronó, el paisaje se enturbió, las calles se vaciaron, el taxi no llega, cerraron los parques, mañana no hay clase ni ceremonias de graduación. Todo sea por proteger la vida, tan valiosa ella, no podemos permitir que una insignificante bacteria acabe con ella. No merece la pena.

martes, 10 de marzo de 2020

Soy una irresponsable


Hoy tomé tres sorbos de café de tienda y recordé otra entrada de este blog que escribí hace como 9 años, en la que la sobredosis de mate me puso en un estado mental frenético y confuso. En ese entonces todavía no había sido madre, ni me había casado, ni ido a vivir a Brasil embarazada, ni tenido un segundo hijo, ni separado, ni vuelto a Colombia. Busco el texto del mate, lo leo y me sorprende; sigo leyendo otros y entro en cuasi shock al darme cuenta que lo que escribía hace una década se parece demasiado a lo que escribo y pienso hoy. Me siento un ser tan cambiante que a veces es imposible de reconocer; pero es pura mentira. El blog, mi propio blog, me delató, me dio tres bofetadas y me dejó en shock.

Yo no iba a escribir esto porque quería entretenerlos contándoles que la otra noche me soñé de romance con Ragnar Lothbrok y fue delicioso. Un día me encontré en profunda soledad y al verme huyendo del tema quise ponerlo sobre la mesa y hacer terapia compartiéndolo aquí. Ayer comencé un seminario acerca del bios escénico y la poética del bailarín y el actor, y sin ser ninguno de los dos, me ha despertado todas las células del cuerpo y del aire alrededor.

Tenía tantas ganas de escribir estos días y tantas cosas para contar… pero en un minuto todo cambió. Últimamente no sé lo que va a pasar cuando me siento frente la hoja en blanco y tal vez estoy adicta a la adrenalina que surge cuando permito que mis manos digiten lo que quieren mientras me pierdo en los laberintos que enlazan la mente con el cuerpo sensorial. Hubiera podido seguir así por meses si no me hubiera dado por leer los escritos del pasado para darme cuenta de que vengo repitiéndome hace años. Como esto acaba de suceder no tengo las palabras todavía para explicar lo que estoy sintiendo al percibir que soy la misma de siempre; un pedazo se relame en el hecho de encontrar algo que permanece, algo que le pertenece, y otro pedazo no quiere sino huir desesperadamente. No me acordaba de nada, porque nunca me acuerdo de nada, me reinvento y dejo el pasado de lado, pero la verdad es que nada ha pasado.

¡Estoy viajando en espiral!

En espiral viaja mi cabeza cuando tomo mate o café; soy una irresponsable por seguir persiguiendo estados que no me hacen bien. Irresponsable por escribir sin necesidad, sin estrategia, sin compromiso, en vez de callar para comunicar que lo que realmente quiero es comerme el mundo. No hay más remedio sino aceptar que a nadie le tiene que importar que ya dije lo que dije, porque finalmente cada loco con su tema y el mío hoy no fue ni Ragnar, ni bios, ni soledad, a mi pesar.