Me semi retiré de
las redes mientras pasa todo esto. No quiero llenarme de pánico resguardada en
casa; estoy en calma. Por WhatsApp llegan mensajes de todo tipo, consejos prácticos
para prevenir, teorías conspirativas, mensajes canalizados de la Virgen y María
Magdalena. Los Mamos y Sagas de la Sierra piden para cuidar las palabras, no
darle fuerza a aquel mencionando su nombre. Mantener la vibración alta con
pensamientos positivos, organizar el esquema en casa con la familia, hacer todo
lo necesario para que esto pase rápido y el mientras tanto sea llevadero.
También están los mensajes de evolución del planeta, de cómo esto nos obliga a
replantear la vida, lo que necesitamos, lo que queremos, activar el recurso
humano, porque el financiero está en standby.
A mí manera creo
en todo, en las conspiraciones, en los consejos prácticos, la responsabilidad
social, las canalizaciones, la impecabilidad de las palabras y la necesidad de reiniciar
el sistema (lo de comprar mil rollos de papel higiénico y litros de
antibacterial todavía no lo entiendo). Y sobre todo, creo en la urgencia de conectar
con eso que somos, que es básicamente lo que tenemos para ofrecer.
Perdí mi trabajo.
Después de siete años trabajando como especialista en contenido escrito sin contrato
para una agencia de turismo brasilera, hace tres días me llegó el fatídico
comunicado. Aunque soy independiente y aparte de eso realizo trabajos para
otros, este era el único ingreso fijo que tenía y que me daba cierta
estabilidad. Imagino que como yo, muchos otros…
Entonces comienzan
las maquinaciones sobre el qué hacer, el cómo pagar el arriendo del próximo
mes, reducir gastos, estirar lo que queda. Y surgen ideas, muchas ideas, planes,
estrategias, desinfle, pérdida de energía, desasosiego, bloqueo, entusiasmo,
positivismo, confianza, intuición, culpa, viejos patrones de comportamiento,
distracciones, huida, inmadurez, confusión, determinación, organización,
aburrimiento. Cada una con su actividad correspondiente, oscilando entre ellas
se van materializando algunas cosas como aprovechar las plataformas de intercambio
y donación para artistas, vender el libro que escribiste a los amigos, ver una
serie de 5 temporadas, releer un libro que leíste hace 20 años, hacer
ejercicio, comer, dormir una siesta, ofrecer otra vez tu servicios de escritora, meditar, compartir casa con tu exmarido para pagar un solo arriendo, dedicarse a los hijos, comenzar esa novela que tenías en remojo.

Van pasando los
días en casa, los llenamos como podemos, cada uno está descubriendo,
reinventando, reconociendo.
Solo puedo decir
que esta situación en parte real, en parte mediática, en parte espiritual, en
parte natural, en parte económica, en parte cósmica, nos va a conducir a maneras
que aún no practicamos, nos va a llevar a estados que antes no imaginamos y nos
va a mostrar características propias que aún no conocemos. Lo digo en positivo porque
soy optimista involuntaria e irremediable; por más que intento ser irónica,
cínica, cruda, realista, debajo de todo siempre hay una capa de confianza que
sabe que todo es como tiene que ser y que absolutamente todo lo que sucede en
el mundo es para aprender a vivir, para aprender a ser humanos.