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miércoles, 8 de junio de 2011

¿Cómo es que se hace esta vaina?

Eso de tener un tema sobre qué escribir. Me vanaglorio de no tener conflictos lo suficientemente pesados para alcanzar a escribir sobre ellos. Pero al mismo tiempo mi razón me dice que esto no puede ser posible y que probablemente estoy en el grupo de personas por encima del promedio en cuanto a conflictos se refiere. Aunque he abierto una nueva posibilidad que creo que tiene mucho sentido: que claramente los conflictos existen y están presentes en mí, pero cuando voy a ahondar en ellos como excusa para escribir sobre los mismos, mi mente, evasiva y orgullosa, los resuelve antes de que haya puesto la primera palabra sobre el papel, dándome gusto y reafirmando mi convicción de que nada es tan importante y que ningún problema tiene relevancia si se mira en proporción universal. ¿Qué importa una inseguridad personal respecto al orden del planeta? ¿Al orden de las estrellas, soles, naturaleza, energías y dioses?

Pues el nivel de importancia puede variar dependiendo de la doctrina y visión existencial que se le aplique, según el grado de protagonismo del humano que cada quien decida otorgarle a su vida sobre el planeta.
Entonces ¿Será que mí nivel de relevancia existencial, sea un mecanismo de evasión o una gran revelación, no es compatible con mi deseo de escribir?

Una amiga me dijo que había decidido dejar de leer libros de autoayuda para poder volver a escribir, porque si uno resuelve todos sus conflictos internos, ya no tiene nada que decir. Y yo me pongo a pensar, y tiene razón, y hago un recuento de los grandes escritores, de los que más me gustan y claro… las buenas obras, las que impactan, hablan sobre un asunto humano que genera conflicto con su existencia. No es por nada que el estereotipo del escritor sea el personaje huraño, neurótico o en crisis, que se encierra durante días luchando con su máquina de escribir entre tinto y cigarrillo, peleado con el exterior porque no es capaz de enfrentar la realidad sino a través de la ficción.

Pero bueno, una vez más, no quiero permitir que todo esto se convierta en una excusa para no escribir.
De pronto soy demasiado trascendental al rehusarme a escribir sobre algo que no tenga un impacto o una relevancia importante sobre la existencia del hombre. Como quien dice, me rehúso a escribir sobre asuntos que se pueden solucionar haciendo un esfuercito… y ahí vuelve mi gran ego dándoselas por haber sido capaz de superar un par de crisis y haber encontrado un par de verdades, pero seguramente eso que me costó tanto, muchas personas lo resuelven sin siquiera darse cuenta.

Por eso, por ahora, (y para ratificar lo aquí planteado), escribo sobre el conflicto que me aqueja y que con un esfuercito estoy intentando resolver: ese de no saber qué, cuándo, cómo y por qué sentarse a poner unas palabras sobre un papel.

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