Llevo dos semanas tratando de pensar el tema de la próxima publicación. Me había prometido hacerlo una vez a la semana, pero ya vemos el síndrome del escritor, que cuando puede, procrastina. Pero no quiero hablar de la procrastinación, me parece un tema demasiado clichesudo para alguien que intenta merecer ser llamado escritor. En cambio, prefiero hablar directamente de los clichés.
Me encantan los clichés. Me encanta su presencia en el mundo y las innumerables interpretaciones que tienen a pesar de ser clichés. Creo que tienen vida propia y un motivo supremamente fuerte para existir. Quien hable conmigo más de una vez, se dará cuenta que en cuanto a temas trascendentales se refiere, recurro constantemente a los clichés. Considero que en la sociedad de hoy son subvalorados y menospreciados, y no se tiene en cuenta que se han convertido en clichés por su propio peso.
El otro día le pregunté a mi papá si había leído mi nuevo blog. Él me respondió que sí, que había leído mis “básicas reflexiones sobre la vida”. Pude haber sentido ese vacío que se siente al no obtener reconocimiento de su propia familia; pero en lugar de eso, convertí el sentimiento en la motivación para escribir mi justificación personal, pues para algo me tiene que servir este blog.
Esto me lleva a intentar reivindicar lo básico ante mi padre y el mundo.
Considero que en esas frases de cajón, esos clichesitos que nadie quiere escuchar, que suenan a consejo trillado, que son tan obvios y básicos, se encierra en gran parte LA VERDAD de la vida. Una cosa es conocer el cliché, pero otra muy diferente es entenderlo, y aún más diferente es sentirlo, de verdad sentirlo y vivirlo. Voy a poner algunos ejemplos:
No hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti.
Lo hemos escuchado toda la vida, puede que aceptemos que es cierto, pero ¿Lo vivimos? ¿Lo ponemos en práctica? ¿O lo obviamos porque nos parece una respuesta demasiado sencilla para nuestros complejos problemas existenciales?
Dar sin esperar.
Nos parece muy fácil, pero ¿Alguna vez lo hemos logrado? De verdad… Sin esperar absolutamente nada a cambio. Nada.
El cliché del espejo: aquello que te molesta del otro no es más que el reflejo de lo que tienes dentro.
No creo que muchos hayan explorado la complejidad de esta oración y a la mayoría nos molesta solamente pensar en él. Pero si dedicamos un momento de nuestra vida para investigarlo a fondo, descubriremos que podemos convertir todo lo que nos molesta en una oportunidad para conocer algo de nosotros mismos. No siempre es agradable, pero es verdad.
Y como estos, muchos más…
Hace un par de meses me fui a un encuentro en el campo de esos en los que se busca y se encuentra alguna verdad. Me fui con una amiga y después de un rato a solas, nos encontramos para compartir las reflexiones que estábamos teniendo. Ella me dijo que tras mucho darle vueltas a su vida se había dado cuenta de que todo se resumía en una cosa. Le pregunto qué y ella me responde seriamente: “quiérete a ti misma”. El acto seguido fue un ataque de risa, no sólo por lo obvio o lo chistoso sino por la alegría de darse cuenta que las más grandes respuestas están en lo más sencillo… y qué sorpresa… esto también es un gran cliché…
Así que, como se me ha vuelto costumbre citar a otros en mis publicaciones, me atrevo a enriquecer el texto utilizando nuevamente el recurso de la intertextualidad, además de la pluralidad idiomática, recomendando el experimento de irse BACK TO BASICS http://www.phrases.org.uk/meanings/53200.html, http://es.wikipedia.org/wiki/Back_to_Basics*.
O podemos seguir buscando respuestas complejas, enredándonos la cabeza tratando de entender el sentido de la vida, poniéndole nuevos nombres a las cosas, inventando soluciones y reflexiones complicadas, cuando en realidad (con ganas de utilizar el más grande y más bonito cliché) podemos encontrar las respuestas dentro de nosotros mismos…
Pero bueno, si no nos interesa eso de la búsqueda interior o ya estamos hartos de ella, siempre podemos recurrir a los clichés… Tomémonos el tiempo de escoger uno, analizarlo, estudiarlo y vivirlo por un rato y tal vez nos demos cuenta que (como dije en la última publicación http://yoescriblog.blogspot.com/2011/06/lo-aburrido-de-aburrirse.html) teníamos LA VERDAD en nuestras narices.
Y en honor a mi querida amiga me atrevo a celebrar con el mismo grito que dimos agradeciendo tan maravillosas revelaciones aquella vez en la montaña:
¡QUE VIVAN LOS CLICHÉS!!
*La mismísima Christina Aguilera intentó volver a lo básico musicalmente en un álbum con ese nombre, yo no lo conozco, pero reconozco el esfuerzo.
Me gustó un montón!
ResponderEliminarpara aquellos interesados en adoptar el ejercicio sugerido de analizar y experimentar clichés, acá va una lista, que también busqué en la intertextualidad, como una definición de cliché, primero la definición
El término cliché o clisé (tomado del francés, idioma en el cual se refiere a un estereotipo o tipo de imprenta) se refiere a una frase, expresión, acción o idea que ha sido usada en exceso, hasta el punto en que pierde la fuerza o novedad pretendida, especialmente si en un principio fue considerada notoriamente poderosa o innovadora.
Hoy por ti manaña por mi!
No cambies nunca!
Eres lo mejor que me ha pasado!
Es que solo te quiero como un amig@!
Yo te he visto en alguna parte!
Pero si no estamos haciendo nada malo!
Tenemos que hablar!
Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes!
No dejes para mañana lo q puedas hacer hoy!
Yo te dije!
No se nos dieron las cosas!
La noche es joven!
Mi mamá no me entiende!
ponle ánimo!
"Todo pasa por algo"
"nunca" digas nunca
Q pases un gran día!
Estoy de acuerdo en una cosa: los clichés esconden verdades básicas, tan fundamentales y cotidianas que su constante uso los convierte en algo desgastado y aparentemente vacío. Pero creo que estamos confundiendo dichos o refranes, que están basados en la tradición oral, y es por causa de esa misma tradición que, a pesar de ser repetidos hasta el cansancio, conservan su fuerza al ser expresados. Yo a eso no lo llamaría cliché.
ResponderEliminarAl hablar de clichés, se me vienen a la cabeza sobre todo escenas de película... como el tipo que va a buscar a la vieja al aeropuerto, después de una terminada dramática para decirle cuánto la ama y cómo no puede vivir sin ella. Ahí es cuando el cliché se vuelve problemático. Por qué? Porque no nos dice nada nuevo sobre la naturaleza humana. Muy diferente por ejemplo es cuando Virginia Woolf, en su magnífico libro "Al faro" describe la sensación de una viuda en su cama matrimonial despertándose en su cama estirando su brazo y sintiendo el vacío de quien compartió su lecho muchos años. Es escalofriante, es triste, es nostálgico. Y no lo describo más porque caería en un cliché y me tiraría la escena.