Decidida a
alimentar mi blog estuve toda la mañana de hoy, pero a las 11am me dio sueño y
dormí una siesta hasta la 1pm. Estuve caminando de un cuarto a otro, me asoleé sin
ropa en la hamaca un rato, almorcé y volví a sentarme frente al computador. El
día ha estado raro, mi cabeza está frenética y aparte de las tareas inmediatas
de mi trabajo, no he podido concentrarme en nada más. Puede ser la luna llena
que se acerca. Ayer una amiga me comentó que estaba en un estado parecido y yo
le di consejos que hoy no pude seguir, entonces echémosle la culpa a la luna. Saqué
mis cuadernos para ver si compartía algún segmento (como había sugerido en la
entrada anterior), un algo personal que llame la atención, que me muestre vulnerable,
honesta y me consiga más seguidores. Escogí un par de poemas, pero finalmente
no me animé porque son cosas del pasado y me dio pereza ser juzgada por algo
que ya no está vigente. Entonces me puse a explorar la página que me compartió
mi amiga María Adelaida con las convocatorias literarias y encontré una de
novela o narrativa “que refleje los valores del montañismo, de los viajes y de
otras formas de aventura en la naturaleza, destacando su importancia como
elemento renovador de la vida individual y social en la actualidad.” Y pensé, ¡perfecto!
Voy a escribir la historia de los viajes de mi vida y la voy a mandar antes del
15 de junio para ganarme 6.000 euros. Recordé que entré
las varias ideas comentadas con los amigos, también existió la de escribir un
libro que se llame “Viajar es vivir intensamente”, entonces comencé sin mucho
pensar:
A casi todo el
mundo le gusta viajar; de las personas que conozco, muchas sueñan con
esa vida de viajero eterno, esa idea romántica de descubrir el mundo y vivir
aventuras conociendo lugares hermosos del planeta y cruzándose con personas de
diferentes culturas. Esa idea romántica es muy romántica y no todo el mundo
tiene el coraje de llevarla a cabo porque implica romper con formas
establecidas de vivir, con reglas que si no cumples, básicamente te va a costar
la vida porque así no funcionan las cosas. Entonces hay quienes se lanzan a la
aventura de salir completamente del sistema y con dos o tres pertenencias
arrancan el vuelo sin saber cómo, pero decididos a perseguir el sueño. He
conocido varios de estos, viajando en bicicleta, en carro, en casa rodante, a
pie; no importa el medio de transporte, ninguno se ha arrepentido. Cansado sí,
con deseos de parar un tiempo o para siempre, también, pero nada se compara con
la satisfacción de haber abierto las alas para recorrer un pedazo de este mundo
que habitamos. También hay quienes tienen mucho dinero y se entregan a la
pasión de viajar cuando quieren, a dónde quieren, de la manera que les convenga
y seguramente que no les implique mucha incomodidad. Y entre estos dos existen
infinitas modalidades de viajeros cuyos motivos son infinitos también: conocer
el mundo, otras culturas, vivir aventuras, huir de un sistema, buscar
respuestas, olvidar, probar suerte, tener historias para contar, vivir
intensamente.
La intención era (o
aún es), continuar hablando de lo que para mí significa viajar y hacer una sección
para cada viaje de mi vida: Sección viajes por Colombia, Sección USA y Bahamas,
Sección Brasil; cada una con subdivisiones o capítulos que narran las experiencias
y el impacto que tuvieron en mi vida. Me pareció emocionante, aunque confieso
que una parte de mí dudó por el hecho de empezar a escribir pensando en un
concurso y no en algo que sale de mí necesidad personal, del corazón. En medio
de eso me distraje con otras convocatorias y me encontré con algunos artículos
acerca de concursos literarios que finalmente me dejaron completamente
desinflada, como cuando uno se da cuenta del mundo real y de las probabilidades
de ganarse algo sin un agente literario, o de un total desconocido ser
publicado. Y me puse a pensar en otras cosas, tal vez maneras de compartir lo
que tengo y lo que soy sin pasar por tantos filtros, algo que puede funcionar
para mí, porque en mis reflexiones de este extraño día me dije que no me
interesa ser famosa, que sé lo difícil que puede ser vivir de escribir y que no
estoy pensando en grandes resultados a corto plazo. Estoy haciendo lo que
quiero hacer, simplemente porque quiero. En esas me llama mi amiga Alima, me
cuenta su vida, yo le cuento la mía (que se parece a esto que escribo aquí),
nos reímos, las cosas toman otra perspectiva, y yo me quedo tranquila y
convencida de que hay mil maneras de compartirse, de mostrarse al mundo, de ser
como uno es sin tener que limitarse a las formas conocidas. Escribí todo un
libro acerca de romper las formas en los diferentes aspectos de la vida y aún necesito
recordar cada día que es posible inventar nuevas maneras, abrir otros caminos
para llegar a donde me siento llamada.
Así que en esas
estoy. No voy a revelar detalles todavía, solamente quería compartir un poco de
hoy para no perder la práctica y poder irme a ver series de Netflix sin sentir
culpa por no ser suficientemente productiva. Hoy no sé si escribí desde el
corazón y por eso pido perdón, debe ser la luna que tiene mis niveles de agua
alborotados, mis pensamientos enredados y por eso las palabras ni abrieron ni
cerraron este intento de dar lo que tengo.

