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jueves, 5 de marzo de 2020

No culpes a la luna


Decidida a alimentar mi blog estuve toda la mañana de hoy, pero a las 11am me dio sueño y dormí una siesta hasta la 1pm. Estuve caminando de un cuarto a otro, me asoleé sin ropa en la hamaca un rato, almorcé y volví a sentarme frente al computador. El día ha estado raro, mi cabeza está frenética y aparte de las tareas inmediatas de mi trabajo, no he podido concentrarme en nada más. Puede ser la luna llena que se acerca. Ayer una amiga me comentó que estaba en un estado parecido y yo le di consejos que hoy no pude seguir, entonces echémosle la culpa a la luna. Saqué mis cuadernos para ver si compartía algún segmento (como había sugerido en la entrada anterior), un algo personal que llame la atención, que me muestre vulnerable, honesta y me consiga más seguidores. Escogí un par de poemas, pero finalmente no me animé porque son cosas del pasado y me dio pereza ser juzgada por algo que ya no está vigente. Entonces me puse a explorar la página que me compartió mi amiga María Adelaida con las convocatorias literarias y encontré una de novela o narrativa “que refleje los valores del montañismo, de los viajes y de otras formas de aventura en la naturaleza, destacando su importancia como elemento renovador de la vida individual y social en la actualidad.” Y pensé, ¡perfecto! Voy a escribir la historia de los viajes de mi vida y la voy a mandar antes del 15 de junio para ganarme 6.000 euros. Recordé que entré las varias ideas comentadas con los amigos, también existió la de escribir un libro que se llame “Viajar es vivir intensamente”, entonces comencé sin mucho pensar:

A casi todo el mundo le gusta viajar; de las personas que conozco, muchas sueñan con esa vida de viajero eterno, esa idea romántica de descubrir el mundo y vivir aventuras conociendo lugares hermosos del planeta y cruzándose con personas de diferentes culturas. Esa idea romántica es muy romántica y no todo el mundo tiene el coraje de llevarla a cabo porque implica romper con formas establecidas de vivir, con reglas que si no cumples, básicamente te va a costar la vida porque así no funcionan las cosas. Entonces hay quienes se lanzan a la aventura de salir completamente del sistema y con dos o tres pertenencias arrancan el vuelo sin saber cómo, pero decididos a perseguir el sueño. He conocido varios de estos, viajando en bicicleta, en carro, en casa rodante, a pie; no importa el medio de transporte, ninguno se ha arrepentido. Cansado sí, con deseos de parar un tiempo o para siempre, también, pero nada se compara con la satisfacción de haber abierto las alas para recorrer un pedazo de este mundo que habitamos. También hay quienes tienen mucho dinero y se entregan a la pasión de viajar cuando quieren, a dónde quieren, de la manera que les convenga y seguramente que no les implique mucha incomodidad. Y entre estos dos existen infinitas modalidades de viajeros cuyos motivos son infinitos también: conocer el mundo, otras culturas, vivir aventuras, huir de un sistema, buscar respuestas, olvidar, probar suerte, tener historias para contar, vivir intensamente.

La intención era (o aún es), continuar hablando de lo que para mí significa viajar y hacer una sección para cada viaje de mi vida: Sección viajes por Colombia, Sección USA y Bahamas, Sección Brasil; cada una con subdivisiones o capítulos que narran las experiencias y el impacto que tuvieron en mi vida. Me pareció emocionante, aunque confieso que una parte de mí dudó por el hecho de empezar a escribir pensando en un concurso y no en algo que sale de mí necesidad personal, del corazón. En medio de eso me distraje con otras convocatorias y me encontré con algunos artículos acerca de concursos literarios que finalmente me dejaron completamente desinflada, como cuando uno se da cuenta del mundo real y de las probabilidades de ganarse algo sin un agente literario, o de un total desconocido ser publicado. Y me puse a pensar en otras cosas, tal vez maneras de compartir lo que tengo y lo que soy sin pasar por tantos filtros, algo que puede funcionar para mí, porque en mis reflexiones de este extraño día me dije que no me interesa ser famosa, que sé lo difícil que puede ser vivir de escribir y que no estoy pensando en grandes resultados a corto plazo. Estoy haciendo lo que quiero hacer, simplemente porque quiero. En esas me llama mi amiga Alima, me cuenta su vida, yo le cuento la mía (que se parece a esto que escribo aquí), nos reímos, las cosas toman otra perspectiva, y yo me quedo tranquila y convencida de que hay mil maneras de compartirse, de mostrarse al mundo, de ser como uno es sin tener que limitarse a las formas conocidas. Escribí todo un libro acerca de romper las formas en los diferentes aspectos de la vida y aún necesito recordar cada día que es posible inventar nuevas maneras, abrir otros caminos para llegar a donde me siento llamada.

Así que en esas estoy. No voy a revelar detalles todavía, solamente quería compartir un poco de hoy para no perder la práctica y poder irme a ver series de Netflix sin sentir culpa por no ser suficientemente productiva. Hoy no sé si escribí desde el corazón y por eso pido perdón, debe ser la luna que tiene mis niveles de agua alborotados, mis pensamientos enredados y por eso las palabras ni abrieron ni cerraron este intento de dar lo que tengo.



lunes, 2 de marzo de 2020

Tengo cuatro cuadernos y voy por más


Tengo cuatro cuadernos grandes escritos a mano, cuadriculados y sin saltar renglón, además de varias libretas pequeñas y otras tantas que se perdieron, como el cuaderno de canciones y poesías que tenía cuando chiquita. Recuerdo un poema de un balcón y un cocodrilo, varios poemas de amor y una canción de amantes que compuse y que mi profesora de música adaptó para cantarle a Jesús en la misa del colegio.

Entre las hojas escritas tengo diarios que han salvado mis estados impermanentes y recurrentes, diatribas que han salvado mis relaciones, historias reales en tercera persona y ficticias en primera. Ideas, personajes, sueños de la noche anotados en la mañana para no olvidar, listas de compras y de invitados también se han colado. Tengo la fantasía romántica de que estos diarios sean descubiertos después de mi muerte y la fantasía somática de exponerme publicándolos para morir a ellos y renacer en esta misma vida.  

Tengo una frase que siempre he querido usar, tal vez a modo de título, tal vez la quemo de una vez acá.

¿Escribir o vivir?

Porque tengo tiempo y un trabajo freelance con salario fijo que me alcanza apenas para sobrevivir y, si me da la gana, puedo escribir.

¿Escribir o morir?

Porque tengo momentos de vida vacía en que lo único que pasa son las palabras que se organizan para contar algo que podría ser verdad o podría ser mentira.


Tengo muchas rimas que se pueden llamar poesía pero también se pueden llamar rap, o un error de redacción cuando el texto quiere ser prosa pero simplemente de ellas no te puedes escapar, y te preguntas si has escuchado mucho Calle 13 o Fémina y si hay por ahí alguien que quiera ponerle letras a su ritmo, para no descartar ese montón de oraciones que además están llenas de honestidad.

Tengo un libro escrito con detalles íntimos y tal vez escandalosos de mi vida y las reflexiones más personales y universales que he podido encontrar. Aparte de nombres de editoriales escritas en un tablero, tengo un cuadro de Excel donde anoto los links a convocatorias de escritura; aunque pienso hacerlo, todavía no lo he enviado a ninguna. Tengo miedo de mi ingenuidad, de mi soberbia, de mi inexperiencia, de no intentar, tengo un poco miedo de no encajar en esta sociedad y muero de pánico de encajar en ella. Tengo por eso constantes ganas de partir, esté donde esté.

Tengo planes de escribir una novela larga, un guion, una serie, una obra de teatro, de publicar todos o convertirlos en pdf y regalarlos a mis amigos que se ríen cuando me leen porque me entienden y me conocen. Tengo un blog con catorce seguidores, una cuenta de Facebook y una de Instagram casi inactivas y desinstaladas de mi celular para no gastar más el tiempo de la vida real en la vida virtual.

Tengo cuatro cuadernos y voy por más; por diversión o por terapia tal vez decida publicar aquí los segmentos de esos diarios que en algún trasteo querré dejar atrás, junto con los muebles, las historias y la ropa que no vale la pena llevar.