Buscar este blog

jueves, 14 de julio de 2011

El Mito del Polvo

Es necesario despojarse de todas las ideas establecidas que se tienen acerca del sexo. Borrarlo.
Convertirse en una niña o un niño que no sabe nada del tema, empezar a descubrirlo por sí mismo y después, cuando de verdad le den ganas, compartirlo con otro.

¿Qué siente mi cuerpo? ¿Ganas de qué? ¿Cómo se siente? ¿Qué pide? ¿Cuál es la necesidad física y cómo buscaría satisfacerla si nunca hubiera visto en la TV o cine una escena de sexo, pornográfica, si nunca hubiera leído un libro erótico o educativo,  un artículo de tips en una revista, o si nunca hubiera hablado del tema con mis amigas?

Pero, ¿Cómo se hace para borrar toda esta información? Porque son muchas las ideas que hay que quitarse, empezando por la presión que se le pone tanto hombres como a mujeres de que tienen que ser “buenos en la cama”, ya sea para mantener a su pareja a su lado, o para alimentarse el ego… ¿Y por qué esto habría de alimentarnos el ego? ¿Qué es lo tan grandioso de ser un polvazo ante la sociedad?

Se me ocurre que el humano tiene la necesidad inconsciente de reivindicar y glorificar su lado animal, ya que gasta tanta energía tratando de ocultarla de mil maneras, vistiéndose como es debido, sentándose con las piernas cerradas, evitando hablar de popó, pipí, regla (que nadie se dé cuenta que acabo de cagar), escondiendo los olores y quitándose los pelos que nacen de su cuerpo, etc. Entonces esa necesidad de ser salvaje, de dejarse llevar por sus instintos, de ser “sucio” y portarse como una bestia, no solamente es aceptada a la hora del sexo, sino altamente recomendada.

Así que me pregunto cuál sería la manera de reformatear las conexiones sexuales de nuestro cerebro-cuerpo-emoción-espíritu, para encontrar lo verdadero, lo esencial del sexo… para cada uno, claro está… porque si reconocemos que hay pocas cosas más íntimas que la sexualidad, pues ahí sí que menos tiene sentido que busquemos convertirnos en un polvazo leyendo revistas y libros, pidiendo consejos a los amigos más “experimentados”, o copiando poses de redtube en internet (no voy a poner el link)… así como tampoco tiene sentido creerse un polvazo porque un par de parejas se lo dijeron.

No sé si se nota que estoy un poco confundida, tal vez… Pero creo que hay demasiados mitos acerca del tema y estamos lejos de querer desmitificar nuestra concepción del sexo porque hoy en día el tabú es atreverse a subvalorarlo tal y como está planteado. Rico sí es… yo no estoy diciendo lo contrario… pero he tenido la sensación dos o tres veces en mi vida, esta es una de ellas, de que el sexo es más de lo que la mayoría de nosotros sabemos, creemos y experimentamos; o no sé si sea más… pero es otra cosa…

Esta vez a lo que me atrevo es a hacer el experimento, (y si no ha quedado clara mi forma de proceder, una vez más invito a quien quiera unirse), de intentar eliminar o por lo menos replantear, mi forma de concebir el sexo, buscando identificar qué es real y qué es aprendido, qué son mañas y qué son peticiones sinceras de mi cuerpo físico-emocional-espiritual-natural.

Racionalmente y sin pensarlo mucho adivino que una relación sexual es un acto de unión con otra persona y lo mínimo que puedo hacer es tratar de entender la naturaleza de esa unión y explorar mis propias e infinitas maneras de manifestarme. Y sospecho que al hacer esto lo convierto verdaderamente en un acto creativo (como lo proponen los libros y revistas), y como se supone que pueden llegar a ser absolutamente todos los actos de nuestra vida.

Quiero terminar porque hablar de sexo es muy rico y puede durar eternamente, pero no quiero ignorar una oración que no se me sale de la cabeza y que quiero aplicar a este texto por puro capricho. Además me anima a creer que sí es posible derrumbar esas convenciones establecidas que creemos tan sólidas y arraigadas, pero que en realidad no lo son tanto porque al fin y al cabo (he aquí) “polvo somos, del polvo venimos y en polvo nos convertimos”.

1 comentario:

  1. Algo que me gustó y por alguna razón me acordé que tenía esto cuando leí tu blog. Besos.

    Los amantes
    Juan Rodolfo Wilcock

    Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados.
    La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se devoran la nariz o el dedo meñique, se beben el uno al otro la sangre; después, saciados, hacen de nuevo el amor, como pueden, y se duermen para volver a comenzar cuando despiertan. Han perdido la cuenta de los días y de las horas. No son lindos de ver, eso es cierto, ensangrentados, descuartizados, pegajosos; pero su amor está más allá de las convenciones.

    FIN

    ResponderEliminar