Escribamos algo antes de dormir. Algo que se sienta diferente, con otra cualidad, menos Julia, menos lo mismo de siempre.
Una locura, una rareza. Lo primero que me venga a la mente.
Un charco, por ejemplo, que se arma en la Tom Hooker cuando llueve. Es el charco que más se demora en desaparacer. Terco. Se estanca en el asfalto, sigue ahí aunque ya no llueve y los otros charcos ya han desaparecido. Creo que podría salir pero no quiere ser absorbido por la tierra, no quiere sacrificar su existencia.
Así son los paisajes de esta isla. Obstinados. Pero no son conscientes de sí mismos. Existen con su natural obstinación. Un isla tiene que ser obstinada para mantenerse a flote en medio de tanto mar, en esa soledad que no le importa porque hace mucho tiempo olvidó lo que se siente ser parte de algo.
Y la gente que se aisla. Nunca había pensado en esa palabra. Se a-isla, se "hace isla". Qué lindo hacerse isla, las islas casi siempre son bonitas. Todo el mundo se enorgullece cuando visita una isla. La palabra suena bien, el concepto es atractivo. Pero la gente que se aisla no. La gente aislada es juzgada por quienes no pueden acercarse y quieren. Les muestra su impotencia. Los valientes, los más aventureros, son los que se atreven a llegar a las islas.
La que escribe se pregunta si está hablando de las islas o de ella misma. Ella no es aislada, creería. Sin embargo, donde mejor se encuentra casi siempre es en las islas. Dos islas, para ser más clara, han sido escenarios de sus más exquisitos floreceres.
Tal vez habitar una isla es ser un poco más libre. Te rodea el abrazo de una madre enorme, impredecible. Una madre que podría devorarte si le diera la gana, pero no lo ha hecho. Mientras tanto te nutre, te sostiene, te da todo lo que tienes. Hay que tener mucha confianza para ser isla.
Me acordé que antes de venir me puse de apodo Pirata Isleña en el chat con mis hijos; como siempre, en ese momento no sabía su significado. Me gusta lo pirata y me gusta lo isleño. Suena muy pretencioso llamarse a una misma "pirata isleña", por eso debería hacer algo para merecer el apodo. Escribir este cuento, por ejemplo. Ser más pirata, robar más, buscar más tesoros, aislarme más. Hacerme más isla.
Importante no revelar este apodo a un isleño de verdad. Aunque así me estaría haciendo más pirata, robando su identad. Pero si cambio de orden las palabras, me atrevo a dedicarle el texto a mis amigos isleños o piratas, diciéndoles que me puedo llamar a mí misma Isleña Pirata. Explicándoles que tengo una crisis de identidad, pero sin crisis... Que nada más me encuentro pirateándome, hablando como si no fuera Julia, dejándome descansar.
Como el charco de la Tom Hooker, que existe obstinadamente sin pretenderlo, el isleño es isleño sin saberlo. También obstinado. Obstinados todos los que se atreven a existir así, en medio de una mar que les puede tragar su identidad. La misma mar que nos da licencia para existir como nos dé la gana, porque nadie está mirando. A nadie le importa. Los gritos de pena o los festejos alegres de una isla, antes de llegar a algún otro lugar, se disuelven casi sin afectar el agua en su inmensidad.
Pensé encontrarme en el video el charco de la Tom Hooker pero estaba ella que lo abraza todo. Gracias por compartir, ame tu texto. Saludos de ésta aislada.
ResponderEliminarMe gusta tu identidad de pirata isleña, aislarnos para encontrarnos en la profundidad y también en la superficialidad y así… en tiempo presente sirenas, piratas, isleños, visitantes sentirnos parte del presente 💝
EliminarGracias por leer amig@s, piratas, a-isladas, isleños...
EliminarSentirme parte de tus palabras cuando soy isla, cuando me aislo sin el consciente pero con la presencia de estar fuera, siendo pirata, siendo la mar, flotando y disuelto en ella. 🖤👽🔱
ResponderEliminarPueden ser las palabras también como la mar que nos une a los a-islados. Gracias por permitirlo...
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