No me
acuerdo de nada. Es una condición que me quedó por culpa de un trauma del que
no me acuerdo y del que nadie sabe nada; si alguien sabe, se pusieron de
acuerdo para no decirme. Pero estoy segura de que algo muy oscuro pasó en mi
vida porque estoy llena de miedos. Miedos tan profundos que ni se notan, que
solo yo estoy empezando a aceptar después de un millón de cursos y terapias.
No me
acuerdo de ningún episodio en el que me sintiera amenazada, ni en peligro de
muerte, ni abandonada, ni públicamente humillada. Pero algo tuvo que pasarme
porque cada vez que salgo de mi casa a encontrarme con gente, me doy cuenta de
que tengo el culo apretado y no lo suelto hasta que vuelvo a la comodidad de mi
soledad.
No recuerdo
haber durado más de un día triste o furiosa porque alguien me hizo algo
imperdonable. Sin embargo, me es imposible confiar totalmente en las personas y
he desarrollado unas estrategias de protección a prueba de cualquier acto
decepcionante hacia mí. Sea el extremado desapego, el nunca mirar atrás o un
optimismo extraño que siempre me ha acompañado. Alguien me hizo algo de lo que
no me acuerdo y me dejó cerrada, paniqueada, llena de disfraces para mezclarme
con el mundo sin ser lastimada.
No me
acuerdo de lo que sentí cuando murieron mis abuelos, ni el amigo de la
universidad, ni la perra de mi casa. Cuando mi mamá se murió sí me acuerdo de
estar muy tranquila y todavía busco en mi cuerpo el dolor que no me dejó su
partida.
No me viene
a la memoria la cara de ningún hombre malvado, abusador o maltratador que me
haya hecho su víctima; o sea que lo tuvo que hacer muy bien escondido o fui muy
bien manipulada, porque les tengo miedo a todos. No puedo enamorarme ni
relacionarme sin tener ataques de diarrea, pérdida de apetito o sentimientos de
huida.
Me acuerdo
de sentirme mareada con el pelo en la cara en el columpio de mi casa. De
hacerme pipí en la cama porque si me paraba al baño me comería un tiburón. De
llorar porque la perra se comió mi chupo. De leer miles de libros y querer
vivir en ellos. De mi colcha rosada tejida en lana. Me acuerdo de cuando me
tragué el dije de la virgen maría mientras mi mamá arreglaba la cadena. Aparte
de esto no me acuerdo de mucho más. Llevo décadas buscando en memorias grises y
borrosas al culpable de que esta vida me parezca tan difícil, tan
esforzada.
No me
acuerdo de casi nada. Es muy sospechoso que una vida tan llena de nada críe a
una persona cuya piel se irrita fácilmente, y dicen que eso pasa cuando uno no
se siente seguro en el mundo. Nadie adivinaría el miedo detrás de mi coraje. ¿A
qué edad se agota el instinto de supervivencia?
Ofrezco una
recompensa a quien recuerde y me diga cuál fue el evento aquel que me dejó
marcada. Me hizo ser así como soy, viajera para tapar que soy una mujer perdida
y desubicada, llena de humor para evadir la realidad sin gracia, amiguera para
pertenecer al público de una película que ni siquiera entiendo, cuando -
sinceramente - hubiera preferido quedarme guardada en la bolsa de agua caliente
del útero de mi mamá.
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