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viernes, 20 de marzo de 2020

Más diarios de cuarentena


A veces, cuando uno es libre, corre el riesgo de perderse. Perderse entre tantas posibilidades, en las distracciones que el tiempo siempre trae o perderse en sí mismo. Aún así, todos deberíamos ser libres desde chiquitos; libres de escoger qué hacer con el tiempo, que es nuestro, que es mi vida.

Si así fuese, aprenderíamos a sentir lo que cada segundo requiere de nosotros. Tendríamos práctica en escuchar el cuerpo para saber cuándo y cómo necesita alimentarse, moverse, descansar, crear, amar. Seríamos expertos en hacer silencio para oír las voces de dentro, porque ellas hablan; la intuición, el corazón y la mente estarían alineadas ya que el silencio no permite que entre la confusión. También sabríamos hacer silencio en nuestro interior para recibir las voces de fuera, escucharlas tal como son, sin juzgarlas, sin tomarlas personal pues sabemos identificar lo que viene de adentro y lo que viene de afuera.

Si fuéramos libres desde chiquitos sabríamos por instinto lo que nos hace iguales a los demás humanos y aquello que nos hace un ser humano particular; lo que nos gusta, lo que nos llama y lo que no, estaría muy claro.

Si no lleváramos años haciendo lo que nos dicen que tenemos que hacer, como comer sin hambre, sentarnos por horas, aprender de memoria, pasar un examen, no llorar cuando estoy triste ni gritar cuando tengo rabia, obedecer, amar sin motivo, odiar sin razón, no tocar mi cuerpo, hacer lo mismo que todos los demás… entonces, con nuestro tiempo, haríamos exactamente aquello que nos hace sentir bien. Y lo haríamos bien.



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