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miércoles, 8 de junio de 2011

¿Necesidad de escribir?

O sea, necesidad de decir algo… pero si no la tengo, ¿qué? ¿No escribo? Claro que tengo puntos de vista, cada vez menos, pareciera; pero seguro que los tengo; una cosmovisión… eso sí que la tengo.
Lo que no sé, es si tengo la necesidad de decirlo, de comunicarlo, de expresarlo, de vender mi idea, de convencer a alguien, o simplemente de hacer un registro de mis pensamientos, de mis posiciones. Tal vez sí. Tal vez el fin de todo esto es compartir, sin pretender, sin esperar un resultado. Por responsabilidad, por vanidad, por lo que sea.

Pero igual, sigo con el dilema. Me gusta escribir, pero no sé si me gusta que me lean. Todavía no soy capaz de que me lean. Tendré un ego muy grande o uno muy frágil, porque no soy capaz de compartir lo que escribo; la mayoría de veces ni siquiera escribo porque ¿Para qué? Será para esperar a que me muera y alguien en su dolor esculque los archivos de mi computador y descubra los misterios que guardaba y nunca nos dimos cuenta… Y ella, tan talentosa, tan profunda, siempre lo fue y no tuvimos tiempo para verlo… No. Creo que he superado esa fantasía del ser humano de morir para obtener el reconocimiento que no puede tener en vida. Creo, pero estoy abierta a darme cuenta de que tal vez uno nunca lo supera del todo.
Tal vez sea la parafernalia y la expectativa que se genera al haber pagado 20 millones de pesos para obtener el título de ecritor. ¿Entonces por eso tengo que escribir?

Si antes de estudiar la maestría, yo me sentaba todos los días a escribir algo. Ahí sí, por pura necesidad. Aunque tampoco es que quisiera que me leyeran, ni compartía lo escrito con nadie (sólo a veces); pero es que tenía tantas cosas adentro que necesitaba ponerlas en un papel, para organizarlas, para verlas de afuera, para recordarlas porque sentía que eran importantes las conclusiones a las que podía llegar.

Pero ahora no escribo. Sí me gusta escribir, y lo hago cuando me ponen una tarea, cuando tengo un objetivo, pero ¿escribir porque sí?… hoy es una de las tres veces que lo he hecho en los últimos dos años. Por eso me pongo a temblar cuando me preguntan ¿Y tú qué haces? (Esto pasa muchas veces a la semana), porque se supone que debería responder “yo escribo”. Pero es que cuando digo eso (lo he hecho) me siento como una mentirosa. Prefiero la respuesta honesta, aunque tampoco me fascine, no por vergüenza propia sino por la del otro, que no sabe qué cara hacer cuando la niña de 28 años, la amiga del colegio, la novia de su amigo, le dice: “mmmm muchas cosas: ahorita estoy trabajando en un bar, dando unas clasecitas de inglés y otras cosas que salen por ahí… claro, es que no me quiero emplear porque quiero tener tiempo para escribir…”

En fin, la verdad es que nada de esto importa. No importa por qué escribo y por qué no escribo. No importa si pagué 20 millones que bloquearon mi necesidad natural de escribir; esto también es una excusa. Todo sirve de excusa para un escritor que no se sienta a escribir. Supongo que ahora tengo que descubrir qué es lo que no quiero aceptar. Buscar dentro de mí las razones ocultas que no me permiten compartir lo que hago, por ende que me llevan a no hacer nada porque ¿para qué?...

O también puedo dejar de pensarla tanto y sentarme frente al maldito computador y escribir. Es más, para evitarme la psicoterapia, no solo me siento a escribir sino que lo publico; de una vez por todas, escribo una maricada un poco cursi y un poco sincera y me lanzo al vacío con el compromiso de seguirlo haciendo, por responsabilidad, por vanidad, o por fijarme un objetivo que me obligue a hacer el ejercicio ese de escribir todos los días, del cual hablan aquellos que pueden decir mirando a los ojos: “yo escribo”.

4 comentarios:

  1. Si si si, me encanta leerte, porfin lo puedo hacer aun cuando mas lejos de ti estoy. Creo que has hecho lo correcto de enfrentar TODO lo que hay para enfrentar al momento de publicarte.
    Espero ansiosa el próximo escrito.
    Con amor

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  2. Excelente!! Aquí estaré con frecuencia, pues una terapia hay que tomarla en serio. Ya hay una nueva, la recomiendo. Amor para ti.

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  3. Me siento indentificada. ¿Será que escribo mi propio blog?

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  4. Máximo Gorki aconsejaba a sus nuevos estudiantes: “viajar, vivir y trabajar sin escribir, las cosas importantes se fijan en la memoria”. Luego si empezaban el ejercicio como el que tú empiezas ahora, por lo menos públicamente. Y como las de ellos, ya recorridos aprendices, tus palabras están llenas de vida, de tés y cafecitos, de conversaciones, de buenos encuentros que realmente indagan por la vida y no sólo nos sacan del a veces incómodo diálogo interno. Leerte es como tener otra conversación contigo, llena de buenas metáforas, humor, humanidad y sinceridad. Sin duda tienes un estilo, una voz propia, una cosmovisión, como dices. Así que sigue practicando diariamente, que acá te seguiremos leyendo, porque sin duda tienes necesidad de escribir, aunque más necesidad tenemos todos de leerte.

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