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lunes, 2 de marzo de 2020

Tengo cuatro cuadernos y voy por más


Tengo cuatro cuadernos grandes escritos a mano, cuadriculados y sin saltar renglón, además de varias libretas pequeñas y otras tantas que se perdieron, como el cuaderno de canciones y poesías que tenía cuando chiquita. Recuerdo un poema de un balcón y un cocodrilo, varios poemas de amor y una canción de amantes que compuse y que mi profesora de música adaptó para cantarle a Jesús en la misa del colegio.

Entre las hojas escritas tengo diarios que han salvado mis estados impermanentes y recurrentes, diatribas que han salvado mis relaciones, historias reales en tercera persona y ficticias en primera. Ideas, personajes, sueños de la noche anotados en la mañana para no olvidar, listas de compras y de invitados también se han colado. Tengo la fantasía romántica de que estos diarios sean descubiertos después de mi muerte y la fantasía somática de exponerme publicándolos para morir a ellos y renacer en esta misma vida.  

Tengo una frase que siempre he querido usar, tal vez a modo de título, tal vez la quemo de una vez acá.

¿Escribir o vivir?

Porque tengo tiempo y un trabajo freelance con salario fijo que me alcanza apenas para sobrevivir y, si me da la gana, puedo escribir.

¿Escribir o morir?

Porque tengo momentos de vida vacía en que lo único que pasa son las palabras que se organizan para contar algo que podría ser verdad o podría ser mentira.


Tengo muchas rimas que se pueden llamar poesía pero también se pueden llamar rap, o un error de redacción cuando el texto quiere ser prosa pero simplemente de ellas no te puedes escapar, y te preguntas si has escuchado mucho Calle 13 o Fémina y si hay por ahí alguien que quiera ponerle letras a su ritmo, para no descartar ese montón de oraciones que además están llenas de honestidad.

Tengo un libro escrito con detalles íntimos y tal vez escandalosos de mi vida y las reflexiones más personales y universales que he podido encontrar. Aparte de nombres de editoriales escritas en un tablero, tengo un cuadro de Excel donde anoto los links a convocatorias de escritura; aunque pienso hacerlo, todavía no lo he enviado a ninguna. Tengo miedo de mi ingenuidad, de mi soberbia, de mi inexperiencia, de no intentar, tengo un poco miedo de no encajar en esta sociedad y muero de pánico de encajar en ella. Tengo por eso constantes ganas de partir, esté donde esté.

Tengo planes de escribir una novela larga, un guion, una serie, una obra de teatro, de publicar todos o convertirlos en pdf y regalarlos a mis amigos que se ríen cuando me leen porque me entienden y me conocen. Tengo un blog con catorce seguidores, una cuenta de Facebook y una de Instagram casi inactivas y desinstaladas de mi celular para no gastar más el tiempo de la vida real en la vida virtual.

Tengo cuatro cuadernos y voy por más; por diversión o por terapia tal vez decida publicar aquí los segmentos de esos diarios que en algún trasteo querré dejar atrás, junto con los muebles, las historias y la ropa que no vale la pena llevar.

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