Buscar este blog

sábado, 4 de abril de 2020

Madruguera, no madriguera


Veo el futuro.

Lo veo.

En serio.

Ya sé exactamente lo que voy a escribir, pero te lo voy a ir diciendo de a pocos. Todos sabemos que conocer el futuro no es tan bueno y puede ser un poco peligroso; lo hemos visto en las películas y los libros. Se puede ver el futuro y tener la posibilidad de cambiarlo o se puede simplemente ser testigo de lo que va a pasar y empezar a sufrir o celebrar desde antes.

Veo el futuro porque no creo en el tiempo a pesar de que el tiempo me da tres vueltas y media. Por eso mi cerebro desarrolló desde temprano la capacidad de saber cuánto tiempo pasa o falta sin necesidad de mirar el reloj. Una obsesión involuntaria que hace unos años intento olvidar porque la vida me puso a lidiar con personas demasiado impuntuales o demoradas, y me cansé de esperar.

Ya no espero ni desespero.

Pero sigo viendo el futuro; lo sé porque cuando el futuro llega, recuerdo el pasado y me doy cuenta de que esto ya lo había pensado. Y mientras más tiempo pasa más voy practicando y conectando las imágenes que aparecen en el presente con los caminos que se van abriendo.

Por ejemplo, me acabo de dar cuenta de que ya sabía que me iba a aburrir de este intento y que en vez de esto iba a querer escribir un cuento, aunque nunca haya sido lo mío, algo desde hace días me venía diciendo que iría a hacerlo:

Había una vez, (porque siempre hay una vez, dos nunca fueron la misma y si se cuenta es porque ya pasó), una madruguera, (madruguera, no madriguera), que que que… cualquier cosa puede ser. Lo importante es que a esta madruguera, por ser madruguera, Dios le ayudó al final del cuento, y cuando lo hizo, ella recordó que mientras enfrentaba el conflicto tuvo la certeza de que lo iba a superar; llegaría triunfante hasta el final. El problema es que ahí mismo lo olvidó para concentrarse en el presente, (que es lo que le enseñaron tanto a madrugueras como a dormilonas en este relato), de manera que utilizó todas sus fuerzas, todas sus herramientas, para atravesar aquello que no le permitía alcanzar el objetivo que se había planteado en el pasado desde el principio.


El tiempo puede ser un nudo de pasados, futuros y presentes, una espiral de repeticiones ascendentes, o muchas líneas paralelas que permiten saltos entre ellas. Solo el tiempo dirá lo que va a pasar, pero cuando llegues hasta allá, como he llegado yo hoy a este párrafo final de un escrito que había comenzado hace cinco días, sabrás que esta es la única manera en que esto podría terminar.


Y cuando todo esto acabe, ¿qué va a pasar?

No hay comentarios:

Publicar un comentario