Veo el futuro.
Lo veo.
En serio.
Ya sé exactamente
lo que voy a escribir, pero te lo voy a ir diciendo de a pocos. Todos sabemos
que conocer el futuro no es tan bueno y puede ser un poco peligroso; lo hemos
visto en las películas y los libros. Se puede ver el futuro y tener la
posibilidad de cambiarlo o se puede simplemente ser testigo de lo que va a
pasar y empezar a sufrir o celebrar desde antes.
Veo el futuro
porque no creo en el tiempo a pesar de que el tiempo me da tres vueltas y
media. Por eso mi cerebro desarrolló desde temprano la capacidad de saber
cuánto tiempo pasa o falta sin necesidad de mirar el reloj. Una obsesión
involuntaria que hace unos años intento olvidar porque la vida me puso a lidiar
con personas demasiado impuntuales o demoradas, y me cansé de esperar.
Ya no espero ni
desespero.
Pero sigo viendo
el futuro; lo sé porque cuando el futuro llega, recuerdo el pasado y me doy
cuenta de que esto ya lo había pensado. Y mientras más tiempo pasa más voy
practicando y conectando las imágenes que aparecen en el presente con los
caminos que se van abriendo.
Por ejemplo, me
acabo de dar cuenta de que ya sabía que me iba a aburrir de este intento y que
en vez de esto iba a querer escribir un cuento, aunque nunca haya sido lo mío,
algo desde hace días me venía diciendo que iría a hacerlo:
Había una vez,
(porque siempre hay una vez, dos nunca fueron la misma y si se cuenta es porque
ya pasó), una madruguera, (madruguera, no madriguera), que que que…
cualquier cosa puede ser. Lo importante es que a esta madruguera, por ser
madruguera, Dios le ayudó al final del cuento, y cuando lo hizo, ella recordó
que mientras enfrentaba el conflicto tuvo la certeza de que lo iba a superar; llegaría triunfante hasta el final. El problema es que ahí mismo lo olvidó para
concentrarse en el presente, (que es lo que le enseñaron tanto a madrugueras como
a dormilonas en este relato), de manera que utilizó todas sus fuerzas, todas
sus herramientas, para atravesar aquello que no le permitía alcanzar el
objetivo que se había planteado en el pasado desde el principio.
El tiempo puede
ser un nudo de pasados, futuros y presentes, una espiral de repeticiones
ascendentes, o muchas líneas paralelas que permiten saltos entre ellas. Solo el
tiempo dirá lo que va a pasar, pero cuando llegues hasta allá, como he llegado
yo hoy a este párrafo final de un escrito que había comenzado hace cinco días,
sabrás que esta es la única manera en que esto podría terminar.
Y cuando todo
esto acabe, ¿qué va a pasar?

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