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lunes, 2 de agosto de 2021

Tal vez, de pronto, quizás...

Tal vez lo que más miedo me da es llevar 38 años investigando la vida para darme cuenta de que no he entendido nada. Tal vez mi vida cada día está más llena de talveces porque cada día está más llena de mil cosas que no se parecen las unas con las otras. O que se parecen demasiado, pero no lo suficiente, entonces siguen pidiendo ser comprobadas. 


Quizás, solo cuando me sumerja en la selva profunda o me pierda en el frondoso mar lograré un atisbo de comprensión. Cuando todo sea tan absurdo que la razón se da por vencida, pero de verdad, totalmente por vencida, entonces el cuerpo se sienta en el trono, para que el cuerpo se sienta y perciba lo que es existir; sin historias creadas por media cabeza experta en estrategias de supervivencia. 

De pronto, si sigo investigando 38 años más me dé cuenta de que los datos y los hechos nunca coincidieron, de que lo más absurdo fue tratar de comprender, que podía, si quería, sumergirme en el mar profundo o perderme en la frondosa selva de mi propia e inventada realidad. 


jueves, 8 de julio de 2021

Otro día me voy al Tíbet

No voy a irme a la India, ni al Tíbet, ni a las montañas de Japón todavía, porque me quedo allá. Hasta me pienso el irme al Vipassana diez días porque me va a dar duro regresar. Tendrá que esperar el monje que me habita, pues decidí tener dos hijos que no quiero abandonar. Después, cuando crezcan y no me necesiten más, me dedico a buscar la liberación de mi alma. Aunque sospecho, tal vez pueda ir dando pasos mientras tanto. Mientras los llevo a lugares increíbles, estimulantes, con familias lindas que resuenan con mi sentir, con proyectos de escuelas alternativas y adultos que los nutren de variadas enseñanzas acerca del mundo. 

Yo no puedo darles todo lo que quiero darles. Quisiera, si tengo que escoger, darles libertad. Pero eso no se da, eso se toma cuando uno quiere. Suena fácil y no lo es; no en estos tiempos, no en este mundo donde la visión fragmentada de la humanidad nos llena de miedos, porque no podemos comprender el sentido de la totalidad. 

Mientras tanto, entonces, también yo me entrego a los fragmentos, a ser uno de ellos, a jugar mi parte, pequeña, quizás sin sentido. Viajaré por Europa, trabajaré, escribiré libros o anuncios para páginas web. Haré ejercicio, comeré bien, ocasionalmente me desfogaré con una fiesta hasta el amanecer, reiré sarcásticamente con mis amigos, caeré en huecos conocidos y me levantaré igual o menos sabia que ayer. No voy a dejar de relamerme en los logros alcanzados, las batallas vencidas; voy a disfrutarlas como una gota, la primera, de vino en la lengua una tarde de sol.

Les abriré puertas, oportunidades. Que hagan lo que quieran, que puedan escoger. Cuando el uno decida ser corredor de bolsa y el otro pastelero, yo qué sé, en ese momento pueda ser que yo me vaya detrás de mi cliché. Al Tíbet, a la India, a aprender artes marciales en los bosques de Japón. Al silencio y la quietud, si es que todavía no ha olvidado ese deseo mi corazón. 

miércoles, 30 de junio de 2021

Filosofía Nocturna - Don`t Analyse

Necesitaba escribir para aterrizar antes de dormir el pensamiento de que cuando uno está solo casi nada los saca de su lugar, pero cuando uno entra en relación es casi imposible mantener la misma centralidad. Tiene uno que aceptar que es un ser mutante por necesidad, pues a eso vinimos, a experimentarnos desde todos los puntos de vista posibles; desde la interdimensionalidad. 

No hay que temerle pues a la variedad de perspectivas, que pueden parecer traición de las unas hacia las otras por sus naturalezas a veces contradictorias. Somos multifacéticos y lo mejor que podemos hacer es dejarnos sorprender con valentía por lo que cada persona o situación hace florecer de cada quién. 

Sin miedo a cambiar, a tener que pedir perdón o a explicar, sin temor a la incoherencia. Llamarse a sí mismo coherente implica creer que comprendemos en todos los niveles la absurda complejidad de la existencia y sus relaciones. No creo que muchos lo lleguemos a hacer...

Entonces, ¿para qué escoger en vez de fluctuar, como el mar, como las nubes, como las hormonas?

                                                       Analyse - The Cranberries


Yo no tengo el poder de decir qué de todo esto permanecerá, porque el tiempo que tengo para ver es tan corto dentro del gran tiempo que prefiero, en lugar de analizar, disfrutar.

jueves, 14 de enero de 2021

Y qué si muerdo



 Y si me quiero perder en sueños,

deseos.

Y si quiero vivir esta vida humana,

jugar este juego.


Comprender por pedazos, fracasar en el intento.

Y qué, si me levanto para caminar en círculo;

si no es en espiral, ni asciendo, ni una luz enciendo.

Y si miro el reloj y le creo al espacio entre los segundos,

al tiempo.


Que sea real, que se pueda tocar, que tenga nombre;

el resto lo dejo para cuando no tenga cuerpo.

Vivo, soy animal, soy carne y hueso, me muevo, muero, 

muerdo.


Siento como la hoja, como el fuego, la sal del agua, el viento...

Me despierto y pienso. Luego, - me digo -, luego me encuentro.


Y si me sumerjo en el placer, en el destello del ayer,

el anhelo.

Si guardo todo esto en una cobija morada de terciopelo.

Y río.

Y mar.

Y el mal. Inmoral. Mortal.


¿Y si aún tengo hambre, ganas de más?

Entonces ya sabré que estoy viviendo...




miércoles, 23 de septiembre de 2020

Uno hace lo que puede

 

Tal vez octubre sea más lento que septiembre. Eso espero, porque tengo que hacer montón de cosas. Varias entregas, taller de tantra, publicar mi libro, planear el viaje a México, estudiar para el examen de la nacionalidad española y a viajar a Bogotá a presentarlo. Todo esto atravesando el infierno astral antes de cumplir años. Y las tareas diarias: ser mamá ya lo dice todo. ¡Ah! y convivir. Y mantenerme centrada, y ser feliz porque están pasando muchas cosas interesantes que yo misma había proyectado.

Lo siento, pero no voy a tener tiempo para llorar por el mundo, pelear por un país y sentirme culpable por no poder hacer nada. No quiero ver las noticias (se le va a uno la vida viendo y apretando el culo frente a las noticias, pensando en lo que puede hacer para salvar el mundo, más allá de grafittis presenciales o virtuales). Cada quien hace lo que puede, dijo un día una amiga brasilera.

Eso sí, deberíamos todos salir masivamente de Facebook y ocupar ese tiempo cada uno haciendo lo que pueda. Creo que eso sí podría cambiar el mundo, un poquito, (y eso que no me he visto The Social Dilemma, pero creo percibir su significado en el aire).

Uno se crea su mundo, también pienso así. En mi mundo últimamente no ha habido pánico ni gente desinfectando frenéticamente. No ha habido lucha. Ha habido reflexión, observación, mucho trabajo interior. Pero tengo miedo de hablar de esto porque hay que sentirse culpable cuando uno está bien. Hay que dejar a un lado el propio bienestar para sufrir por quienes no lo tienen y ayudarlos.

Ayudar, sí. ¿Sufrir?

La compasión es poder ver al otro con-pasión. O sea, comprendiendo y celebrando el significado de su experiencia vital, sea cual sea. Eso fue lo que le entendí a Matías y me resonó mucho, pero es difícil explicarlo. Y Elsa dijo que este mes todos íbamos a trabajar la culpa. Yo creí que ese tema lo tenía resuelto, pero véanme: un escrito sin sentido plagado de culpa, sin culpa y lleno de justificaciones.

Justi-ficación.

Justi-cia.

No sé lo que está pasando allá afuera aunque lo siento en el aire. Estoy inmersa en el verde sonido del río haciendo lo que puedo; muy ocupada haciendo todo lo que puedo porque el tiempo se acaba. Ojalá que octubre no se pase tan rápido como septiembre...


viernes, 1 de mayo de 2020

Extraterrestres, locos e idealistas




Le creo a los locos con ideas raras que hablan sobre la magia, la capacidad de curarse a sí mismos y crear el mundo que desean. Le creo a quienes canalizan mensajes de extraterrestres y dicen que para ubicarte en la mejor versión de tu existencia (porque ocurren varias en dimensiones simultáneas) debes guiarte por lo que te produce alegría y placer.

Creo que en el concepto “aprender a ser humanos” hay mucho campo por descubrir y no hemos ni siquiera aprobado el nivel básico, cuyo objetivo es lograr vivir en armonía con el ambiente que habitamos.

Creo en la ciencia como ciencia verdadera pero limitada, porque es racional y solo valida lo que puede ser comprobado por la mente, a menudo descartando aquello que se siente pero no puede ser explicado con palabras.

Hablando de extraterrestres, creo en las naves que se han visto, en sus apariciones, sus intentos de contactos, y a los humanos, como dioses del universo, nos cuesta demasiado tolerar la idea de su existencia.

Creo en los imperios que han dominado por turnos la forma de concebir nuestra experiencia sobre el planeta, y creo en la caía de los imperios, necesaria para renovar puntos de vista.

Soy idealista porque siempre he creído que todo puede ser mejor; para mí es inevitable imaginar las mejores realidades posibles en todos los aspectos, desde el más individual hasta el más colectivo.

Actúo en lo personal porque todavía no sé cómo cambiar el mundo.

Muchos días me despierto creyendo que tengo que ir a buscar un terreno fértil donde florecer, con los locos, los idealistas y los extraterrestres. Algunos días lo he intentado y me he salvado de un destino seco y descompuesto. Creo que estoy cansada de abrirme camino sobre el asfalto conocido, con números marcados que te obligan a saber exactamente tu lugar. Prefiero los desiertos y pantanos llenos de amenazas y promesas, pero al fin y al cabo interesantes aventuras como premio por estar dispuesta a arriesgar.

No tengo nada que perder porque nada he construido, creo que así se siente la libertad.

Creo mi vida desde adentro, con cada movimiento, porque si me quedo quieta empezaré a creer que lo que veo es lo único que hay.

jueves, 9 de abril de 2020

No me gustan las tareas


El otro día mi mamá me dijo que escribiera un cuento. Quiso motivarme a escribir algo menos trascendental, algo que le llegue a más gente. Creo que le dio pesar que en mí último blog solo tuve como cuatro likes en Facebook y 24 lecturas de página. 


Yo me quedé aburrida un rato por su comentario y luego pensé que lo que escribo en mi blog no es ni la mitad de trascendental de lo que soy yo. Lo que a mí me interesa realmente es la existencia y todo lo que sucede en ella, sus misterios. Es como cuando tenía cinco años y mi mamá me dijo que hiciera las tareas, yo le contesté que no me gustaban las tareas y ella me dijo que en la vida muchas veces hay que hacer cosas que a uno no le gustan; entonces le respondí: mamá, pero es que a mí lo que me gusta es la vida.

Y así ha sido siempre; no me gustan las tareas, me gusta vivir.

De manera que aunque trato de hablar mis verdades, no he sido completamente honesta en el blog. Tal vez por decisión, guardando lo más profundo para mis escritos más elaborados, eligiendo un canal para cada capa de mi realidad, o cada una de mis facetas, que aunque son reales, pueden ser contradictorias, y por qué no, también se esconden detrás de máscaras.

No he dicho lo que pienso y siento realmente acerca del momento que estamos viviendo por miedo a herir susceptibilidades, a parecer muy radical, muy hippie o demasiado trascendental. No he dicho que desde que todo esto comenzó cada día me despierto más feliz porque el mundo está cambiando, los humanos estamos aprendiendo, algo más allá de nuestra comprensión se está moviendo hacia la evolución. El silencio y la quietud del planeta nos están obligando a cuestionarnos, vernos y escucharnos, a conocer nuestras emociones y reconocer la intuición, enfrentar el tedio para dar lugar a la creatividad, y muchas cosas más que se pueden leer en las redes sociales de todos tus contactos. Gradualmente veo cómo vamos dando pasos hacia una mayor sabiduría, superando el miedo, utilizando todas las herramientas para llenar nuestros días, activando los recursos de solidaridad humana, e incluso aceptar que quizás lo que hay que hacer frente esta crisis es absolutamente nada.

El 4 de abril se hizo una meditación mundial que cambió la frecuencia vibratoria del planeta. Si este silencio citadino acompañado de pájaros mañaneros que nuca antes habías oído no te dice que algo está cambiando, tal vez no has puesto suficiente atención o estás pensando demasiado, o es posible que la loca sea yo. El cambio es necesario, es evidente desde hace décadas. Resistirnos no va a evitarlo, solamente va a retrasarlo y probablemente hacerlo más tortuoso. La valentía no consiste en aguantar la respiración y apretar el culo hasta que todo esto acabe, sino en abrir los ojos y lanzarse de cabeza a un pozo que no tenemos ni idea lo que esconde dentro. Confiar. Los desafíos individuales harán parte del proceso que cada quién como ser humano tiene que asumir para aceptar el rol asignado dentro de esta ola colectiva humanitaria que además de muchas otras cosas, nos va a mostrar que somos uno, que somos lo mismo, incluyendo a Trump, a Uribe y a Bolsonaro. Y que la única manera de crecer como raza humana es mirar hacia adentro, reconociendo y aceptando que somos tan vulnerables como poderosos, tan odiosos como amorosos, tan ignorantes como sabios, tan mundanos como espirituales, para finalmente decidir amarnos a nosotros mismos, tal y como somos.

Así de trascendental soy y más. Hay una gente que escribe unos cuentos divinos; personalmente amo la ficción y anhelo escribirla algún día. Pero mientras tanto me ocupo en lo que me salga natural, que en gran porcentaje es hacer nada y en otro tanto es intentar comprender esta vida hablando y escribiendo sobre ella.