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lunes, 28 de noviembre de 2022

Mundo de tierras y sol

 

No se dio cuenta sino hasta que compró un espejo largo y lo colgó en el cuarto, de que su vida se había vuelto café. Café madera con amarillo quemado, con piel tostada, con intentos de dorado. Paredes, techo, sábanas, cuerpo. Llegó a habitar la cabañita de madera, que ya venía con todo, y sin querer se fue mimetizando, como un camaleón.

¿Qué pasa cuando todo se vuelve del color de las tierras? La tierra húmeda y fértil, la arena seca de la playa, el barro de las carreteras destapadas e inundadas, y encima de todas, los rayos del sol. Todo está contenido en una sola habitación, la suya, la que escogió sin conocer. Después de unos días compró las sábanas, la señora de la tienda le ofreció rojas o doradas (amarillo quemado), ella escogió las segundas, tenían el color de la playa. Y después de unas semanas compró el espejo y se dio cuenta de la sintonía de tonalidades. Pero solo cuando llegó al atardecer y se vio en el reflejo, con la piel toda bronceada, se sumergió en el mundo de las tierras y el sol. Empezó a ver que su mochila wayuu también compartía esos colores, su aceite humectante de ajonjolí, el sombrero de paja que se robó de la casa de su papá, el libro que estaba leyendo, el gato de manchas que venía a maullar a la madrugada. Hasta las verdes montañas que rodeaban la cabaña, se empezaron a poner cafés esa semana.

Se llenó de esperanza, pues si estaba en el mundo de los colores de las tierras y el sol, quería decir que muchas cosas pronto irían a florecer. Abría las ventanas todas las mañanas para fertilizar el ambiente, regaba las sábanas con las aguas que de su cuerpo brotaban, acariciaba las tablas que conformaban su nueva habitación mientras cantaba y bailaba delicadamente por el pequeño espacio alrededor de su cama.

- Germina, soy una semilla que germina. ¿De qué color serán mis hojas, serán mis ramas largas y delgadas, mi fruta ácida y jugosa? Quiero conocer el aroma de mis pétalos… - pensaba mientras en las noches, acurrucada, esperaba a que la venciera el sueño.

Entonces soñaba con otros mundos de otros colores. Mundos de aguas para nadar, o de estrellas y cielos para volar. A veces soñaba con mundos muy extraños de tonos desconocidos y personajes enigmáticos que parecían llevarla lejos de la tierra. Despertaba asustada en medio de la noche, agarrada de las sábanas y rezaba.

- Déjame entonces ser gusano, raíz de la raíz de la raíz, el último orificio del laberinto de las hormigas. Soy café, amarillo quemado, intento de dorado… No me saques de estas tierras.

Y aguantaba la respiración con los ojos abiertos sin ver nada, preguntándose si su destino era florecer hacia el afuera, enraizar hacia el adentro o seguir rodando en búsqueda de los otros mundos como una semilla totalmente hermetizada.

Rayo de sol por la ventana de madera. Escandaloso canto de pájaros en bandada. Viento tibio de sudor trasnochado. Mochila, cama, aceite, sombrero, libro. Cuerpo que se mueve hasta encajar en el marco delgado del espejo. Ahí estaba. Tan solo una humana de piel tostada.

 

 

lunes, 18 de abril de 2022

Un poema de verdad

                  


                                Me siento como una yegua desbocada,


un cuaderno infinito,


                        un poema de verdad.


Verdad es nada,

es ver y es dar;

verde, la cualidad.


                         Y en el verde ponerse a galopar.


Matar la curiosidad

sin saciar

                            de verdad.