No se dio
cuenta sino hasta que compró un espejo largo y lo colgó en el cuarto, de que su
vida se había vuelto café. Café madera con amarillo quemado, con piel tostada,
con intentos de dorado. Paredes, techo, sábanas, cuerpo. Llegó a habitar la
cabañita de madera, que ya venía con todo, y sin querer se fue mimetizando,
como un camaleón.
¿Qué pasa
cuando todo se vuelve del color de las tierras? La tierra húmeda y fértil, la
arena seca de la playa, el barro de las carreteras destapadas e inundadas, y
encima de todas, los rayos del sol. Todo está contenido en una sola habitación,
la suya, la que escogió sin conocer. Después de unos días compró las sábanas,
la señora de la tienda le ofreció rojas o doradas (amarillo quemado), ella
escogió las segundas, tenían el color de la playa. Y después de unas semanas
compró el espejo y se dio cuenta de la sintonía de tonalidades. Pero solo
cuando llegó al atardecer y se vio en el reflejo, con la piel toda bronceada,
se sumergió en el mundo de las tierras y el sol. Empezó a ver que su mochila wayuu
también compartía esos colores, su aceite humectante de ajonjolí, el sombrero de
paja que se robó de la casa de su papá, el libro que estaba leyendo, el gato de
manchas que venía a maullar a la madrugada. Hasta las verdes montañas que
rodeaban la cabaña, se empezaron a poner cafés esa semana.
Se llenó de
esperanza, pues si estaba en el mundo de los colores de las tierras y el sol,
quería decir que muchas cosas pronto irían a florecer. Abría las ventanas todas
las mañanas para fertilizar el ambiente, regaba las sábanas con las aguas que
de su cuerpo brotaban, acariciaba las tablas que conformaban su nueva
habitación mientras cantaba y bailaba delicadamente por el pequeño espacio
alrededor de su cama.
- Germina,
soy una semilla que germina. ¿De qué color serán mis hojas, serán mis ramas
largas y delgadas, mi fruta ácida y jugosa? Quiero conocer el aroma de mis
pétalos… - pensaba mientras en las noches, acurrucada, esperaba a que la
venciera el sueño.
Entonces
soñaba con otros mundos de otros colores. Mundos de aguas para nadar, o de
estrellas y cielos para volar. A veces soñaba con mundos muy extraños de tonos
desconocidos y personajes enigmáticos que parecían llevarla lejos de la tierra.
Despertaba asustada en medio de la noche, agarrada de las sábanas y rezaba.
- Déjame
entonces ser gusano, raíz de la raíz de la raíz, el último orificio del
laberinto de las hormigas. Soy café, amarillo quemado, intento de dorado… No me
saques de estas tierras.
Y aguantaba
la respiración con los ojos abiertos sin ver nada, preguntándose si su destino
era florecer hacia el afuera, enraizar hacia el adentro o seguir rodando en
búsqueda de los otros mundos como una semilla totalmente hermetizada.
Rayo de sol por la ventana de madera. Escandaloso canto de pájaros en bandada. Viento tibio de sudor trasnochado. Mochila, cama, aceite, sombrero, libro. Cuerpo que se mueve hasta encajar en el marco delgado del espejo. Ahí estaba. Tan solo una humana de piel tostada.
