Por puro amor al blog, no es por responsabilidad con ustedes ni con mi terapia, ni la obligación de escribir para convertirse en escritor. Sentí amor por el blog, si es que eso se puede, y me dieron ganas de darle cariño, acariciarlo con letras y palabras desinteresadas, sin objetivo alguno y que no sé hacia donde se dirigen.
Es que hoy me siento bien. Por eso es raro que esté escribiendo y tengo la sospecha que no será ni la mitad de interesante que cuando estoy mal y me siento a escribir; no sé si se nota, pero es el caso de la mayoría de las publicaciones de este blog. Una amiga me dijo hace rato que había entendido eso de no esconder los miedos y las inseguridades sino, por el contrario, sacarlas y vivirlas de frente; ella entendió que al hacer esto despertaba la empatía de la gente a su alrededor y en lugar de generar rechazo, como ella hubiera creído (seguramente un patrón mental de la niñez) las personas parecían admirarla y demostrar ganas de estar con ella. Otro amigo me dijo hace poco en cuanto al arte que cuando él guía a sus estudiantes de expresión corporal y teatro les dice que aquello que sientan ridículo y que no tiene nada que ver con nada, por ahí es el camino... Como cuando, aunque crea yo que no estoy diciendo nada, escribo con pena y ridiculez pero me lanzo a publicarlo, y son los textos que mayor acogida tienen.
Hoy me siento ridícula pero no estoy confiando en esto para el "éxito" de esta publicación porque no tengo ningún conflicto en este momento; me siento bien. Tal vez el sentimiento de ridiculez me viene de un prejuicio basado en el cliché del artista incomprendido (que no sé si existe como arquetipo pero debería), en el que se hace necesario estar llenos de conflicto interno para crear una buena obra. Tal vez estoy escribiendo ahorita para comprobar que se puede escribir aunque no sea necesario, o quizás porque en este momento de bienestar me rehúso a tener que vivir una vida tormentosa solamente para alcanzar el gran éxito profesional. Aunque yo sé que no es así, yo sé que hay artistas felices...
De pronto estoy escribiendo ahorita para liberar sin darme cuenta mis propios patrones mentales de la niñez...
Por eso dije que no sabía a dónde me dirigía con estas palabras. Se dice que el acto de la creación es más poderoso que nosotros mismos, viene de lugares que no siempre conocemos y el caso puede ser este en el que simplemente el abrir un espacio para crear invoca la creación; de ahí en adelante todo puede pasar. Y como los artistas que para mí son verdaderos dicen y saben que la creación está completamente relacionada con la sanación y evolución ya sea personal o de una sociedad, pues atribuyo el acto de haberme a sentado a escribir hoy, que me siento tan bien, a un impulso de mi inconsciente y su necesidad de liberar o sanar algo; porque siempre hay algo más que sacar, siempre quedan sombras que iluminar, paredes que derrumbar, demonios que enfrentar, y sentimientos de ridiculez (como este que ahora siento más fuerte que antes) para compartir públicamente con la esperanza de no ser rechazado sino acogido por ellos o simplemente para resignarse a ser un artista incomprendido.
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martes, 28 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Reanudando Terapia
Durante estas últimas vacaciones de Diciembre quería escribir mucho pero no lo hice. Empecé bien, aprovechando el tiempo de espera en al aeropuerto y en el avión. En los siguientes días sólo lo hice dos veces más; otro día dibujé. Y nada más.
Al final, cuando ya se habían acabado las vacaciones para todos menos para mí (reconozco que aún hoy no se han acabado), tuve la voluntad o el remordimiento suficiente para escribir lo siguiente y sólo hasta ahora el valor para publicarlo:
A ver si me funciona esto de escribir por obligación. Llevo años tratando de evitarlo porque según mi experiencia (y la de muchos otros) cuando me digo que "tengo que hacerlo", pierdo las ganas.
Les iré contando en el transcurso de este texto; por ahora todo va bien, pero no he dicho nada.
Tampoco sé qué decir; y esto me remite a una de mis primeras publicaciones de este blog http://yoescriblog.blogspot.com/2011/06/necesidad-de-escribir.html acerca de escribir qué, de si es necesidad de decir algo, si es obligatorio tener algo que decir para encontrar el impulso de escribir.
Ha pasado un tiempo desde esos primeros artículos y sí he escrito más que antes, por lo menos más que durante la universidad, y me he dado cuenta que, aunque suene a reacción retardada (que tengo con frecuencia), esto de escribir sí es algo que disfruto; por la pura acción de buscar palabras, de ponerlas juntas, de repetirlas en mi mente. Ni siquiera por probar mis ideas o vender mi filosofía; la actividad en sí me gusta, no puedo explicar por qué y eso me tranquiliza porque lo relaciono con esas personas que dicen sentirse hechas para algo sin motivo explícito. Y como el gran tema de mi vida es jamás haberme sentido como una de esas personas y por ende, no tener idea de qué es lo que vine a hacer a esta vida, pues relacionarme en un punto con los qué sí saben, me alivia.
Como prometí hacerlo, les cuento que después de una pausa ya no sé si quiero terminar el texto. Paré un momento a tomar el té y perdí el impulso. Peo "tengo" que terminarlo y me motiva nada más que el compromiso con ustedes y el saber que estar contándoles esto también es estar escribiendo.
Les decía que llevo años evadiendo el ejercicio de escritura diaria obligatoria; pero después de leer un libro de psicología que menciona las herramientas para alcanzar la disciplina, decidí revaluar mi decisión y replantear mi metodología. Tal vez lo haga no sólo en la escritura sino en los demás aspectos de mi vida; por lo menos hacer el intento sin tenerle miedo a perder el placer de hacer las cosas solamente porque "tengo" que hacerlas. Es verdad que esa psicología básica tiene su lógica y funciona, sobre todo con los niños, pero en general con todos los humanos y hasta con los animales. Creo que el valor consiste en superar esta regla (auto impuesta), apoyándonos y confiando en que nuestra inteligencia puede ir más allá de la psicología inversa y confiando también en que si uno le gusta hacer algo es porque le gusta hacerlo y no porque "no tenga" o no está obligado a hacerlo.
Después de esto no he hecho el ejercicio diario de escribir. Creo que es un proceso lento eso de remover un paradigma mental, pero ciertamente he estado replanteando e internamente trabajando en eso de la disciplina, buscando un punto conciliatorio entre esta y el placer, y, como una niña, aprendiendo una vez más que lo uno no sólo puede ir de la mano de lo otro, sino que muchas de las veces el mayor placer se obtiene gracias a la disciplina lograda en el proceso y no a su resultado.
Al final, cuando ya se habían acabado las vacaciones para todos menos para mí (reconozco que aún hoy no se han acabado), tuve la voluntad o el remordimiento suficiente para escribir lo siguiente y sólo hasta ahora el valor para publicarlo:
A ver si me funciona esto de escribir por obligación. Llevo años tratando de evitarlo porque según mi experiencia (y la de muchos otros) cuando me digo que "tengo que hacerlo", pierdo las ganas.
Les iré contando en el transcurso de este texto; por ahora todo va bien, pero no he dicho nada.
Tampoco sé qué decir; y esto me remite a una de mis primeras publicaciones de este blog http://yoescriblog.blogspot.com/2011/06/necesidad-de-escribir.html acerca de escribir qué, de si es necesidad de decir algo, si es obligatorio tener algo que decir para encontrar el impulso de escribir.
Ha pasado un tiempo desde esos primeros artículos y sí he escrito más que antes, por lo menos más que durante la universidad, y me he dado cuenta que, aunque suene a reacción retardada (que tengo con frecuencia), esto de escribir sí es algo que disfruto; por la pura acción de buscar palabras, de ponerlas juntas, de repetirlas en mi mente. Ni siquiera por probar mis ideas o vender mi filosofía; la actividad en sí me gusta, no puedo explicar por qué y eso me tranquiliza porque lo relaciono con esas personas que dicen sentirse hechas para algo sin motivo explícito. Y como el gran tema de mi vida es jamás haberme sentido como una de esas personas y por ende, no tener idea de qué es lo que vine a hacer a esta vida, pues relacionarme en un punto con los qué sí saben, me alivia.
Como prometí hacerlo, les cuento que después de una pausa ya no sé si quiero terminar el texto. Paré un momento a tomar el té y perdí el impulso. Peo "tengo" que terminarlo y me motiva nada más que el compromiso con ustedes y el saber que estar contándoles esto también es estar escribiendo.
Les decía que llevo años evadiendo el ejercicio de escritura diaria obligatoria; pero después de leer un libro de psicología que menciona las herramientas para alcanzar la disciplina, decidí revaluar mi decisión y replantear mi metodología. Tal vez lo haga no sólo en la escritura sino en los demás aspectos de mi vida; por lo menos hacer el intento sin tenerle miedo a perder el placer de hacer las cosas solamente porque "tengo" que hacerlas. Es verdad que esa psicología básica tiene su lógica y funciona, sobre todo con los niños, pero en general con todos los humanos y hasta con los animales. Creo que el valor consiste en superar esta regla (auto impuesta), apoyándonos y confiando en que nuestra inteligencia puede ir más allá de la psicología inversa y confiando también en que si uno le gusta hacer algo es porque le gusta hacerlo y no porque "no tenga" o no está obligado a hacerlo.
Después de esto no he hecho el ejercicio diario de escribir. Creo que es un proceso lento eso de remover un paradigma mental, pero ciertamente he estado replanteando e internamente trabajando en eso de la disciplina, buscando un punto conciliatorio entre esta y el placer, y, como una niña, aprendiendo una vez más que lo uno no sólo puede ir de la mano de lo otro, sino que muchas de las veces el mayor placer se obtiene gracias a la disciplina lograda en el proceso y no a su resultado.
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